miércoles, 23 de noviembre de 2016

14 de abril: Bibliotecas y República

Eco Republicano

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14 de abril: Bibliotecas y República
El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en todo el Estado español, comenzaba una de las etapas más brillantes de la educación y la cultura en nuestro país.

La República encontró una España profundamente analfabeta, donde casi la mitad de la población no sabía leer ni escribir, mucho más entre las mujeres, con una gran carencia de escuelas, con un millón de niños y niñas que no tenían siquiera un puesto escolar. 

Laura Novelle

Pese a los problemas económicos, los esfuerzos del gobierno de la II República se dirigieron a invertir en educación, construyendo un elevado número de escuelas y de bibliotecas. Su compromiso integral con la cultura tal vez sea uno de sus rasgos distintivos, rompiendo con prácticas elitistas propias de épocas anteriores. Los intelectuales se sintieron comprometidos política y culturalmente con los proyectos republicanos. Un mes después de producirse el cambio de régimen, en mayo de 1931, se creó el Patronato de las Misiones Pedagógicas cuyo antecedente era la Institución Libre de Enseñanza como gestora de una nueva concepción de la cultura y de la educación. Con la actividad del Patronato quedó plasmado el gran interés que evidenció el Gobierno republicano por la biblioteca pública. Tuvo como presidente a Manuel Bartolomé Cossío. Una de las misiones de esta institución fue la creación de bibliotecas. Basándonos en datos aportados por Rosa San Segundo (2000), entre 1932 y 1935 se pusieron en marcha más de 11.000 bibliotecas, además de establecer por decreto la implantación de una biblioteca en todas las escuelas primarias, al servicio de l@s niñ@s pero también de los adultos en zonas rurales que careciesen de ella.

Otra de las medidas que emprendió el Gobierno de la República fue la creación de Bibliotecas Circulantes:dotación de una sección circulante en todas aquellas bibliotecas que dependieran del Ministerio de Instrucción Pública, y que es antecedente de nuestros queridos bibliobuses (ver foto). De esta forma se evitaban dos peligros importantes: la discriminación en el acceso a la cultura por motivos de residencia y la pérdida de habilidades lectoras por falta de libros. Pensemos que los niveles de analfabetismo en estos años eran todavía muy altos, y el gobierno republicano intentaba reducirlos dentro de sus posibilidades.

En noviembre de 1931 se creó la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para Bibliotecas Públicas, que multiplica por veinte el presupuesto destinado a la adquisición de libros para las bibliotecas, en relación al periodo anterior. Pese a todo, las bibliotecas existentes eran pocas, de acceso casi exclusivo para unos usuarios muy eruditos, especializados y universitarios. La presidencia la ocupó el director del Patronato de la Biblioteca Nacional, Antonio Zozaya. Se establecieron distintos tipos de bibliotecas según el número de habitantes. Las bibliotecas situadas en pueblos con menos de 1.000 habitantes recibían 150 volúmenes, los pueblos que tenían entre 3.000 a 10.000 habitantes recibían 300 libros, y a pueblos o ciudades de más de 10.000 habitantes se destinaban más de 500 libros. Sin embargo, plasmar de la teoría a la realidad esta política no era tarea fácil en los pueblos pequeños: si el cacique local se oponía a la instalación de una biblioteca pública, su desarrollo era muy difícil. Debemos sumar a esto el altísimo grado de abandono educativo y cultural del rural español en el primer tercio de siglo.

Como vemos, el esfuerzo bibliotecario republicano fue muy intenso. Sus cifras no tienen parangón con ninguna otra época anterior. Otra cosa es que ciertas circunstancias asociadas al largo plazo y difíciles de erradicar (caciquismo, analfabetismo…) lastrasen sus efectos. Pero desde luego, sentaron un precedente importante, del cual se iban a beneficiar todos los regímenes españoles posteriores, independientemente de su signo. La IIª República comprendió que sin cultura no hay ciudadanía, y sin libros no hay cultura. Porque las bibliotecas son el alimento del alma y del intelecto. No es poco mérito.

Laura Novelle, Documentalista, formadora y consultora docente. Licenciada en Historia y Especialista en Gestión documental.


PARA SUMERGIRSE EN EL TEMA: MARTÍNEZ RUS, A. (2004): La política del libro durante la II República: socialización de la lectura. Tesis Doctoral. Disponible en PDF a texto completoaquí

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