martes, 29 de noviembre de 2016

El amianto, un problema nuestro de cada día

En España se prohibió la importación y uso del amianto a partir del año 2002. Para el resto de la Unión Europea, a más tardar, se hizo en el 2005, aunque se empezó con esta medida desde 1983 en Islandia, con más de 20 años de diferencia. Muerto el perro se acabó la rabia. No tenemos problema… si el amianto que aún queda instalado no se manipula o se deteriora, al decir de los responsables de la salud pública.
Pero el amianto sigue siendo un grave problema hoy, y lo será en el futuro, incluso en los 55 países en que ya está prohibido
00
“Ignorar es una forma de Matar pero
sin ensuciarte las Manos”.  Mafalda
Si la afirmación que da píe a este epígrafe es cierta, la sentencia de Mafalda es equivalente a la de un crimen perfecto, perpetrado sin ensuciarte las manos ni la conciencia.
Es evidente que es un problema al día de hoy. Bastará repasar la sucesión de enfermedades, muertes y días de vida perdidos de millares de personas en todo el mundo, que son registradas por las estadísticas oficiales de defunción (siempre muy discretas e insuficientes) y por las asociaciones de víctimas que proliferan en todos los lugares, rija es ellos o no la prohibición de su uso (1).
Se calcula que el llamado “pico del mesotelioma ” (2) (punto de máxima incidencia de este cáncer específico que produce el amianto y solo él) tendrá lugar en los países de la prohibición alrededor del año 2020; en el resto, en los que sigue permitido, dicha fecha será 40 años después de los periodos de máximo consumo. Es decir, que si en China se prohíbe (Dios lo quiera) en 2025, y los picos de consumo han sido en 2015, el mayor número de afectados por la exposición tendrá lugar en 2055 y el fin de la epidemia en 2065. Todo esto en plan muy optimista pues se ignora el manejo que tiene lugar con el amianto instalado y que sigue su progresión de contaminación y muerte.
Las razones para todo esto son triples: una el periodo de latencia. Sabemos que la exposición inicial al amianto de cualquier persona conlleva un riesgo de producir una enfermedad grave a los 40 años de este primer evento. A esto llamamos periodo de latencia. Es un concepto clave para entender lo fácil que ha resultado a los negacionistas del daño (los empresarios-verdugos (3) y sus colaboradores) mantener a las víctimas en la más profunda ignorancia. Y esta estimulada ignorancia ha dado lugar a unas prohibiciones muy tardías (o a una vigencia de la legalidad de su uso en otros casos) respecto a las evidencias científicas e institucionales (4) que proclamaban al amianto como un cancerígeno de la peor especie. Y ésta es la segunda razón: la conspiración de silencio propiciada por el cártel del amianto en el siglo XX ha tenido un fatal éxito, a mayor gloria de los seis o siete magnates enriquecidos por el mortal mineral. Super-ricos que han envuelto sus crímenes en una nube de filantropía y cooptación de líderes sociales (5,6).
Pero el hecho es que el amianto, una vez instalado e incorporado a las cosas de uso común (se calcula que ha estado y está presente en más de tres mil productos), sigue produciendo daño, enfermedad, muerte y días de vida perdidos, en contra de la propaganda de los servidores públicos y las empresas responsables que mantienen discursivamente su inocuidad si se conserva en reposo y sin agresión alguna. Y esta es la tercera razón de su gravedad. Se trata de minimizar sus efectos en el imaginario social por todos los medios. Sería, caso de que las mayorías tomaran conciencia, que se produjera una alarma social objetiva en toda regla.
El amianto de la vida cotidiana: una telaraña global
Si en un lugar no está vigente la prohibición no cabe la menor duda que produce enfermedades, sufrimientos muerte y días de vida perdidos, cuyos cálculos hemos anticipado. Pero si está vigente, como es en nuestro caso, el mero amianto instalado produce enfermedades, sufrimientos, muertes y días de vida perdidos, igualmente que si se procede a un desamiantado inadecuado o se deposita en vertederos inapropiados o se recicla como material de construcción, que de todo sigue habiendo.
El estar y haber estado en tantos materiales y productos de uso cotidiano, en nuestras viviendas, automóviles, trenes, barcos, industrias, puertos, infraestructuras, colegios, juguetes y un largo etcétera, engendra una tela de araña cancerígena que a todos nos envuelve.
Porque el amianto y los materiales que lo contienen (fibrocemento, por ejemplo) tienen una llamada vida útil, a partir de la cual el producto pierde sus propiedades, es decir se hace más desmenuzable en pequeñas fibras invisibles pero altamente tóxicas. Por eso, la legislación de la UE y española advierten que en su decreto de prohibición que “el amianto estará permitido hasta el fin de su vida útil” y solo hasta ella. Hay pues legislación suficiente para erradicarlo. Es más, la Directiva europea aconseja que “los Estados miembros podrán prohibir en su territorio, por razones de protección de la salud, el uso de tales productos antes de su eliminación o el fin de su vida útil” (7).
La anticipación a la que la Directiva hace alusión se debe a que estos materiales están expuestos a muchos meteoros naturales o a intervenciones que lo degradan antes de su vida útil. Hablamos de fuertes vientos, tsunamis, terremotos (el caso de la ciudad de Lorca es paradigmático), atentados, incendios, movimientos de tierra, granizos, fuertes lluvias, y también del manejo inadecuado como el arreglo de tuberías usando radiales y sin protección alguna o el derribo de edificios sin limpieza previa de amianto. Por no hablar de la inquietante realidad del amianto presente en los miles de km de tuberías que conducen nuestras aguas potables, erosionando las planchas de fibrocemento, de cuya carcinogenicidad hay sospechas más que fundadas, aunque no evidencias.
En este contexto resulta especialmente inquietante la situación en que se encuentran los escolares de todo el mundo conviviendo en sus escuelas con materiales que contienen amianto.
La Cámara de los Lores británica se preocupa
En una sesión monográfica de preguntas sobre mesotelioma, formuladas al Gobierno, celebrada en la Cámara de los Lores el pasado 27 de octubre, entre muchas otras aportaciones interesantes, se podía oír lo siguiente:
Me concentraré inicialmente en el efecto iceberg. Estamos viendo sólo la punta debido al asbesto en las escuelas. Alrededor del 94% de los casos de mesotelioma son efectivamente prevenibles porque están asociados con la exposición crónica al asbesto de una manera u otra, y sabemos que tres cuartas partes de nuestras escuelas tienen asbesto en su centro. El número de maestros que murieron de mesotelioma ha estado subiendo de alrededor de tres al año a principios de 1980 a 22 en solo 2012. El Comité de Carcinogenicidad de Productos Químicos en Alimentos, Productos de Consumo y Medio Ambiente ha señalado que no sabemos si los niños son intrínsecamente más susceptibles a desarrollar mesotelioma después de la exposición al asbesto. Sin embargo, parece que el riesgo de por vida si se exponen a la edad de cinco años es aproximadamente cinco veces el de alguien de 30 años que está expuesto a la misma cantidad de amianto. Por lo tanto, parece que exponer a los niños es almacenar problemas para el futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada