jueves, 24 de noviembre de 2016

Homenajes por el 80 aniversario de los defensores mundiales de la democracia

Publicado: 28.10.2016 22:59 |Actualizado: 29.10.2016 15:28

En octubre de 1936 se crearon las Brigadas Internacionales, que aglutinaron a más de 35.000 jóvenes llegados de países de todo el mundo. Un jardín inaugurado en Madrid, en un una zona que se usó como acuartelamiento, recuerda el esfuerzo de estos combatientes por frenar el fascismo.



Joseph Almudever, uno de los cuatro brigadistas internacionales que aún vive, durante un homenaje en Madrid. - PC
MADRID.- Más de 35.000 jóvenes de distintos países comenzaron a recalar en España, desde octubre de 1936, con un propósito: detener el auge del fascismo que se propagaba tras el golpe de estado militar contra la democracia tres meses antes. Una guerra de ideologías se libraba en el país, y ante el agitado contexto europeo, con Hitler en Alemania y Mussolini en Italia, los brigadistas internacionales anhelaban poner fin a los totalitarismos, empezando por el primer país en el que se habían destapado.

Desde París, ciudad donde se ubicó la sede internacional de reclutamiento, salían autobuses repletos rumbo al Madrid de la contienda. Pero llegar a la capital francesa y cruzar la frontera terrestre no era tan fácil para quienes llegaban desde más allá del Paso del Calais. Algunos ingleses adoptaron un truco que simplificaba los trámites. Adquirían un billete en una agencia de viajes turísticos para una estancia en París de fin de semana al precio de una libra y media.

De esta forma burlaban los controles y la prohibición de viajar a España con el propósito de combatir, tal y como establecía el Comité de no Intervención, organización que trababa de impedir que las potencias europeas participaran en la guerra española. "Viajabas sin pasaporte ni documentación para no tener problemas a la vuelta", explicaba el británico, ya fallecido, David Lomon en 2012, durante una visita a Madrid en el 76 aniversario de la creación de las brigadas. "En París había muchos jóvenes. Allí me di cuenta de que se trataba de un movimiento internacional".

Las consignas les acompañaban, entre ellas, el popular ‘no pasarán’, cuyos ecos resonaban aún recientes entre los ingleses que llegaron a España al calor del éxito de los enfrentamientos en Cable Street. En esta calle de Londres, cientos de jóvenes detuvieron una marcha antisemita convocada por la Unión Británica de Fascistas, liderada por el político Oswald Mosley. Lomon fue uno de los que se plantearon, después de pelear en aquel episodio, "hacer algo más", reconoció en 2012.

El lema político del ‘no pasarán’, cantado por los milicianos, fue años más tarde vapuleado en el chotis que interpretaba Celia Gámez entonando "ya hemos pasao".

500 mujeres brigadistas

El perfil variopinto del brigadista abarcaba desde trabajadores de fábricas, de minas o puertos, que no sabían leer o escribir pero que se informaban a través de sus sindicatos, a una élite intelectual formada por escritores, artistas fotógrafos, poetas o personal médico. Además, el contingente extranjero estuvo integrado por cerca de 500 mujeres involucradas, principalmente, en tareas de enfermería y traducción. Muchas, desde la retaguardia en sus países organizaron colectas para ayudar a quienes habían viajado al frente de guerra. "Ellas venían atraídas por el ideario de la República y de las libertades que habían conseguido aquí las mujeres, como poder votar. Era también una lucha de género", explica Almudena Cros, historiadora y presidenta de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI), entidad organizadora de los actos de homenaje celebrados los últimos días por el 80 aniversario de la creación de estas unidades.
"Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia", señaló La Pasionaria
Entre las mujeres brigadistas figuraba la conductora de ambulancias americana Evelyn Hutchins; la enfermera y única afroamericana en la guerra, Salaria Kea y la artista británica Felicia Browne, que llegó a España en el verano de 1936, antes de la instauración de estos grupos guerrilleros.

En el campo de batalla de la primera guerra moderna europea se probaron, también, avances que llegaron de la mano de brigadistas, como las primeras transfusiones móviles de la historia realizadas en terreno bélico. La idea la puso en marcha, y buscó la financiación, el médico canadiense Norman Bethune, quien además organizó donaciones masivas de sangre y reunió numeroso instrumental sanitario para atender a los heridos.

Cerca de 9.000 combatientes extranjeros murieron durante la guerra. Bethune, realizó más de 700 transfusiones con las que salvó vidas.

"Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia, frente al espíritu vil y acomodaticios de los que interpretan los principios democráticos mirando hacia las cajas de caudales o hacia las acciones industriales que quieren salvar de todo riesgo", les aclamó Dolores Ibárruri en su discurso de despedida a las brigadas, el 1 de noviembre de 1938.
Brigadistas presos por las fuerzas franquistas en la Batalla del Jarama

Del primer al último homenaje

"El domingo por la mañana se celebró el homenaje a la Brigada Internacional. Las salas estaban adornadas y el público llenaba los locales. Se entregaron [a los brigadistas] banderas, aparatos de radio, gramófonos y bibliotecas (…). El camarada Luigi Gallo prometió que todos continuarán luchando con el mismo fervor que hasta ahora para conseguir la victoria y el aplastamiento definitivo del fascismo internacional". El 2 de noviembre de 1936, el diario, por entonces republicano, ABC, informaba sobre el primer homenaje que recibían las Brigadas Internacionales, un año después de su creación para luchar al lado de la República durante la Guerra Civil española.
"Reivindicamos el papel fundamental que tuvieron en la guerra pero también como luchadores contra el fascismo, y reclamamos un respeto que en nuestro país ha faltado. No nos sentimos apoyados por las instituciones", lamentó Almudena Cros, presidenta de la AABI
Ahora, 80 años después de la llegada de los primeros brigadistas, un tributo que reúne esta mañana en el madrileño barrio de Vicálvaro a familiares de aquellos voluntarios y voluntarias ha transformado una antigua zona de acuartelamiento militar utilizada por la XI y XII Brigada Internacional en un jardín para el recuerdo.

En la inauguración participan representantes de las 14 asociaciones de amigos de las brigadas y Joseph Almudever, uno de los cuatro combatientes internacionales que aún vive. La cita es desde las 11.00 en la calle San Cipriano (frente a la estación de metro de Vicálvaro).

"La celebración, que ahora concluye, se inició en París, el pasado 21 de octubre, y ha continuado en Benicasim y Albacete", explican desde la AABI. Precisamente, la ciudad manchega recibió a los primeros voluntarios, el 14 de octubre de 1936, y acogió el cuartel general y centro de entrenamiento para los extranjeros bajo el mando del líder comunista francés André Marty, quien ya desde París, en 1939, reivindicó ayudas para los excombatientes, "las mismas prerrogativas que se concedieron a los que lucharon en la guerra de 1914", y denunció públicamente la "traición de Francia" por favorecer el aislamiento de la República española.

En marzo de ese año, apenas unas semanas antes de que el general Franco anunciara la victoria de los militares golpistas, Marty defendía que todos debían "permanecer unidos en la defensa de las democracias" y que no era tarde para llegar a una solución favorable al Gobierno republicano. "Tienen armas y fábricas de armas. Y un pueblo valeroso dispuesto a defenderse", recogieron las crónicas de la época.

Una delegación de 100 personas llegadas de Alemania, Polonia, Rumanía, Francia, Suecia, Dinamarca y Puerto Rico, entre otros países, asiste en Madrid al homenaje en recuerdo de los brigadistas. Sin embrago, desde la AABI no sienten respaldo institucional. "Reivindicamos el papel fundamental que tuvieron en la guerra pero también como luchadores contra el fascismo, y reclamamos un respeto que en nuestro país ha faltado. No nos sentimos apoyados por las instituciones", lamenta la presidenta de la AABI.

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