miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿Por qué tengo que esperar varias semanas para que me haga efecto el antidepresivo?:


 http://unpaseoporlamente.com/archivos/3330#sthash.Pu5QDG5A.dpuf
en  

foto-post-joseta
Los antidepresivos son medicamentos que actúan produciendo cambios químicos en el sistema nervioso central, que a través de diversos estudios, han demostrado ser útiles en el tratamiento de la depresión y de otras patologías como el trastorno de angustia, el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo, las fobias, el trastorno por estrés postraumático, el trastorno disfórico premenstrual, dolor…  Estos problemas de salud tienen en común, entre otras muchas cosas,  las sustancias químicas que se encuentran alteradas a nivel cerebral, llamadas neurotransmisores, que son los que permiten la transmisión de información entre las neuronas. Es sobre estos neurotransmisores sobre los que actúan los antidepresivos y en general, los psicofármacos.
Hay diversos tipos de fármacos antidepresivos. Los más nuevos, generalmente tienen menor tasa de efectos secundarios negativos aunque es importante individualizar el tratamiento y la dosis del fármaco en función de cada paciente para potenciar el efecto deseado y minimizar los efectos adversos.
Una de las características de los antidepresivos es que su acción terapéutica tarda entre 2 y 4 semanas en aparecer después del inicio de la toma y en algunos casos hasta 8 semanas en producir su efecto completo. Sin embargo, es posible que los efectos adversos hagan su aparición antes de que el paciente pueda notar el efecto antidepresivo o ansiolítico y por tanto que tenga dudas acerca de si son realmente efectivos o incluso de si son dañinos para su salud.  Mediante un ejemplo simplificado sobre el funcionamiento del sistema nervioso central, vamos a intentar abordar esta cuestión.
Las neuronas son las células del sistema nervioso encargadas  de transmitir los impulsos nerviosos, es decir, los distintos tipos de informaciones. No están conectadas directamente entre sí, sino que en muchos casos, lo hacen mediante sustancias  denominadas neurotransmisores (serotonina, noradrenalina, dopamina…) que ellas mismas liberan al espacio que existe entre una y otra y que se denomina espacio sináptico. La célula “informadora” o presináptica libera distintos neurotransmisores al espacio que la separa de la célula “receptora” o postsináptica, transmitiendo de esta forma la información correspondiente. Ambos tipos de células son capaces de detectar los neurotransmisores que se encuentran en este espacio a través de unas proteínas localizadas en su membrana que se denominan receptores presinápticos y postsinápticos.
Para saber cómo actúa un antidepresivo, vamos a tomar como ejemplo a los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), tales como fluoxetina, sertralina o escitalopram, que se emplean con mucha frecuencia en la práctica clínica diaria. Una hipótesis que explica la depresión, consiste en que la cantidad de serotonina en el espacio sináptico es baja.
Una de las funciones de la neurona presináptica, es volver a captar la serotonina del espacio sináptico una vez que la información ha sido transmitida. Los antidepresivos actúan a este nivel, impidiendo que la neurona pueda recoger de nuevo la serotonina del espacio sináptico, aumentando de esta forma la cantidad disponible de la misma entre las neuronas. Es durante este aumento brusco de los niveles de serotonina cuando pueden aparecer los efectos adversos, normalmente los primeros días de tratamiento. La serotonina participa en numerosas funciones corporales aparte del estado de ánimo, tales como la regulación del ritmo sueño-vigilia, el deseo sexual, la ingesta y el apetito, el vómito, la percepción del dolor… Por eso, cuando aumentamos los niveles de serotonina entre neuronas mediante fármacos como los antidepresivos, pueden observarse alteraciones a todos estos niveles (insomnio, disminución del deseo sexual, disminución o aumento del apetito, náuseas, vómitos, disminución de la percepción del dolor…).
Como sabemos, el cuerpo tiene una capacidad de adaptación impresionante pero desafortunadamente no inmediata y en este caso, el sistema nervioso necesita 2 o 3 semanas para acomodarse a la nueva situación de “exceso de serotonina”, regulando la actividad y la cantidad de sus receptores para conseguir un equilibrio que permita evitar los efectos indeseables y lograr por fin el efecto antidepresivo buscado.

Por todo esto, ante la prescripción de un antidepresivo, la recomendación es tener paciencia y mantener la toma diaria el tiempo suficiente (al menos 3 o 4 semanas) para poder valorar adecuadamente los  efectos terapéuticos. Puedes preguntar a tu médico o psiquiatra acerca de los efectos adversos que son esperables durante los primeros días o semanas y consultar si el malestar que sientes es muy marcado.
Es aconsejable que la retirada del tratamiento antidepresivo se haga de manera progresiva, normalmente durante una o varias semanas en función de la dosis de partida, ya que de la misma manera que el cuerpo necesita un tiempo para iniciar su acción terapéutica,  también lo requiere para adaptarse de nuevo a su situación basal sin el fármaco. De esta forma, evitaremos las molestias que podrían aparecer al hacer una retirada brusca.
Para finalizar, es importante tener en cuenta que los fármacos antidepresivos mejoran los síntomas de depresión (tristeza, falta de energía, disminución del apetito…) y de ansiedad para que el paciente pueda afrontar su día a día con más fuerza. Es recomendable, una vez que los síntomas más graves e incapacitantes han remitido, combinar el tratamiento farmacológico con el psicoterapéutico, para analizar los posibles desencadenantes de este tipo de problema y  favorecer la adquisición de estrategias que permitan que esta mejoría se mantenga estable a lo largo del tiempo.



Joseta Morlán Coarasa

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada