lunes, 17 de abril de 2017

Centella: “El comunismo sigue siendo tan válido hoy como hace cien años”

ENTREVISTA AL SECRETARIO GENERAL DEL PCE EN EL 40º ANIVERSARIO DE LA LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO

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María F. Sánchez *

El secretario general del PCE, José Luis Centella.
El secretario general del PCE, José Luis Centella. / José Camó
El sábado de la Semana Santa de 1977, hace ya 40 años, el PCE, entonces liderado por Santiago Carrilloera legalizado por el Gobierno de Adolfo Suárez y dejaba atrás los duros años de la clandestinidad. Ese día, un joven militante del partido, ajeno a los acontecimientos, se encontraba de excursión con unos camaradas y no conocería la buena noticia hasta su regreso, ya de noche. Hoy, y desde 2009, es el secretario general de una formación decisiva en la creación de Izquierda Unida y, más recientemente, en la coalición electoral Unidos Podemos. José Luis Centella hace una revisión crítica, sin ajuste de cuentas, con la historia de su partido, pero a pesar del paso de los años y en pleno siglo XXI cree que el comunismo no ha perdido ni un ápice de vigencia. “El comunismo, como forma de reorganizar la sociedad, sigue siendo tan válido como hace cien años”, indica en una entrevista a cuartopoder.es y con el horizonte puesto en el XX Congreso de la formación, del que nos cuenta los detalles.
– ¿Cómo vivió usted el día que fue legalizado el PCE?
– Yo llevaba dos años militando, porque empecé a militar en el 75, y era Semana Santa. Un grupo de camaradas del partido nos habíamos ido de excursión. En esa época no había móviles y no nos enteramos de la noticia hasta la vuelta. Después, ya nos juntamos en la sede y nos unimos a lo que se hizo durante aquellos días: bailar, salir a la calle y celebrar con ilusión.
– Durante estos días se ha escuchado que la legalización del PCE tuvo que ver con la capacidad de contención que demostró el partido en el entierro de los abogados laboralistas asesinados por pistoleros de extrema derecha en el despacho de Atocha. ¿Es cierto?
“El PCE no se
ganó su legalidad con moderación o contención, sino con determinación”
– Yo no me canso de desmentirlo. Se quiere construir un relato falso de que el PCE fue legalizado porque demostró contención, cuando en realidad los abogados de Atocha fueron asesinados en enero y, durante los meses de febrero y marzo, en el PCE hubo una intensa actividad en la calle exigiendo su legalidad. En mi universidad nos reunimos y lo que se nos trasladó desde la dirección provincial de Córdoba es que el Gobierno no quería legalizar el partido. Hicimos varias semanas de movilización y manifestaciones. Es verdad que, a finales de marzo, parecía que la cosa estaba más segura, pero fue una batalla. En cualquier caso, se legalizó porque no había otra manera de hacer un proceso que no tuviese un Partido Comunista legal. De lo contrario, se nos había avisado para que deslegitimáramos las elecciones, pusiésemos unas mesas en la calle… Lo mismo que se planteó con el referéndum catalán, ya lo pensábamos hacer nosotros. Por lo tanto, el PCE no se ganó su legalidad con moderación o contención, si no con determinación.
– Alberto Garzón, que es muy crítico con la historia del PCE en la transición, dice que Santiago Carrillo se equivocó al moderar el discurso y que el partido “se autoengañó” diciendo que la Constitución del 78 era el camino al socialismo. También ha culpado al partido por adoptar una estrategia muy conservadora e “institucionalista”. ¿Qué piensa usted?
– Yo creo que no solo fue Carrillo o el PCE. Los Partidos Comunistas de Europa como el italiano o el francés entendieron que desde la institución se podía derrotar al capitalismo y yo creo que eso fue un error. Es verdad que se bajó mucho la lucha en la calle y se trasladó el centro de la vida política al Parlamento. Fue una visión asumida por la dirección de entonces. Es verdad que se entendió que los mejores cuadros se sentaban en el Parlamento y es verdad que en la Constitución del 78 se dieron pasos importantes para la historia de España. El PCE la entendió como un punto de llegada, cuando la derecha, desde el día siguiente, empezó a guardar en un cajón con siete llaves los artículos más progresistas o más sociales: derecho a la vivienda, derecho al trabajo, mientras  desarrollaba otros artículos relacionados con la economía de mercado y los acuerdos internacionales con Estados Unidos, El Vaticano… La izquierda tuvo mucha ingenuidad en creer que un papel podía resolver las contradicciones. También, en un momento determinado, la historia que seguía en España no se debatía entre Monarquía y República, sino entre dictadura y democracia, pero creo que el PCE debería haber mantenido su reivindicación republicana más activa después del 78.
“Creo que el PCE debería haber mantenido su reivindicación republicana
más activa
después del 78”
– ¿En qué se traduce la experiencia acumulada? Ahora el PCE llama a romper con la Constitución…
– A mí no me gusta ajustar cuentas con la historia, me gusta analizarla. Hubo aciertos, como la determinación del Partido Comunista para ser legalizado. Pero, para aprender de los aciertos, primero hay que aprender de los errores. Ahora mismo hemos aprendido que es necesario un nuevo marco constitucional porque la Constitución del 78 a la izquierda se nos ha quedado pequeña, mientras que a la derecha le viene muy grande. Hay que ser conscientes de que esa nueva batalla constitucional que ya se está dando, aunque la derecha lo haga de forma encubierta y ocultándoselo a la población. La Constitución de hoy ha cambiado con respecto a la del 78, no solo por el artículo 135, sino por todo el tema laboral. Hemos aprendido que la lucha no tiene que estar solo en el Parlamento, sino también en la calle. Y eso significa que hay que reactivar la demanda de que la Constitución exija la vivienda por ley, exija el derecho a trabajo, garantice la sanidad pública, las pensiones públicas… Todo eso que hoy está en cuestión tiene que tener un marco constitucional que lo asegure y eso solo se va a conseguir con una gran presión social. Por eso, nosotros hemos planteado que hay que recuperar la política de ruptura, que significa romper con un sistema que es injusto. No significa otra cosa. Defendemos que haya una ruptura democrática y social en este país y, por supuesto, defendemos que a los españoles se les tiene que realizar una consulta para que decidan si quieren vivir en una monarquía o en una república. El propio Adolfo Suárez reconoció que en el 78 no se realizó la consulta porque había miedo a perderla.
– ¿Y cómo se articula esa ruptura democrática que tiene que combinarse con la lucha social?
La derecha y, digamos, las fuerzas del régimen están intentando hacer una segunda transición: vender que es necesario reformar para que las cosas sigan iguales. En este momento hay que plantear un programa – en eso coincido con Julio Anguita – de cuatro o cinco puntos mínimos importantes (el derecho a la vivienda, al trabajo, el derecho a lo público…) que permitan hacer un gran programa con el que recuperemos la atención social y la lucha sindical, para que no se acabe el papel de los sindicatos, que quieren socavar la patronal y el Partido Popular con su reforma laboral. También es necesario que la gente se movilice para un nuevo modelo de Estado, de país.
– Y, con este planteamiento, ¿sigue vigente la revolución comunista? ¿Tiene sentido hoy el comunismo y es capaz de conectar con los ciudadanos en el siglo XXI?
– Lo que estoy planteando no es la revolución comunista, sino el inicio de una revolución democrática, que nosotros planteamos con el horizonte de una sociedad comunista. Yo estoy convencido de que el comunismo, como forma de reorganizar la sociedad, sigue siendo tan válido como hace cien años. Si uno ve donde ha llegado el capitalismo, que cada vez es más injusto: hay más hambre, más muertes, más miseria, más pueblos que son explotados que hace cien años, se da cuenta de que la forma de pensar del comunismo tiene sentido en pleno siglo XXI. Y por eso pensamos que tiene que haber un partido organizado por el comunismo. No es un ideal, el comunismo es una forma de ubicar la sociedad.
“En el PCE estamos trabajando para que Unidos Podemos deje de ser una coalición electoral y sea
algo más”
– Además, el PCE se encuentra en plena reformulación. En noviembre tiene la segunda fase de su XX Congreso. En la primera fase apostaban por superar IU. ¿Peligra el papel del partido dentro de la formación? ¿Cómo contemplan la coalición de Unidos Podemos?
– Queremos compartir con mucha gente de Izquierda Unida un proyecto electoral que vaya más allá de IU. Pero no solo un proyecto electoral, queremos compartir un proyecto social, un proyecto político que tenga un referente electoral. Nosotros ahora mismo estamos desarrollando esa primera fase, estamos avanzando para superar IU, para convertirla en un movimiento social. Estamos trabajando en Unidos Podemos para que deje de ser una coalición electoral y sea algo más, con una base mucho más amplia. Estamos trabajando en todas las políticas de confluencias a nivel de todo el Estado para que configuremos entre todos un nuevo movimiento de república federal. Y esto es lo que vamos a ver en el segundo congreso: seguir en el camino de lo que comenzamos en la primera fase.
– En esta segunda fase se piensa aprobar un nuevo manifiesto-programa, que sustituirá al de 1975. ¿Habrá grandes cambios?
– No habrá cambios ideológicos. Los cambios que queremos son del ensayo del siglo XXI. Se necesita un nuevo proyecto de país que dé respuesta a una sociedad que ya no es económicamente la que había en el siglo pasado y queremos adecuar la realidad a este programa-manifiesto, que será marxista, comunista y responde al imperialismo del siglo XXI. En la base, seguimos defendiendo lo mismo: la recuperación de los ejes estratégicos de la sociedad, la economía planificada desde una forma democrática.
– También este año es el centenario de la revolución soviética. ¿Qué significa este aniversario para el PCE?
– Nosotros somos hijos de la revolución soviética. Lo que significa esta fecha es una lectura de la historia donde hay que poner en valor lo importante que fue aquella revolución, gracias a la que la clase obrera fue capaz de tener un Gobierno donde la mujer conquistó derechos que no había ni soñado anteriormente, donde los trabajadores y los campesinos tuvieron, por primera vez, derecho a elegir un país. También es verdad que se producen errores y hay una derrota política cuando se finaliza la URSS. Pero estamos en el aniversario de la revolución. Nosotros asumimos, con los errores y los aciertos, ser hijos de esa revolución.
(*) María F. Sánchez es periodista.

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