miércoles, 12 de abril de 2017

El Mediterráneo se ahoga en basura

https://www.revistacircle.com/2017/03/22/mediterraneo-se-ahoga-basura/

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El proyecto Upcycling the Oceans recupera residuos del mar para su reciclaje, con la colaboración de los pescadores de la costa valenciana.

El Mediterráneo es el mar interior más grande del mundo: tiene una superficie de unos 2,5 millones de kilómetros cuadrados y tan solo se abraza al océano Atlántico por el estrecho de Gibraltar. Lo rodean 20 países de tres continentes: Europa, África y Asia y sus 46.000 kilómetros de costa los comparten 130 millones de habitantes, a los que se suman 100 millones más en la época estival. Esta es, precisamente, su mayor virtud y, al mismo tiempo, su maldición: la extremada belleza de sus aguas y orillas lo han convertido en uno de los principales focos turísticos del mundo y, por ende, en un mar que se contamina a pasos agigantados de petróleo y restos oleosos, aunque el dato más desolador es el que se refiere a los residuos sólidos: un informe de Greenpeace asegura que cada metro cuadrado de agua contiene una media de 33 unidades, de las que la gran mayoría son plásticos, casi 3.000 toneladas solo en sus aguas superficiales que representan el 15% de la basura, una concentración tan elevada como la hallada en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, según concreta un estudio impulsado por la Universidad de Cádiz.
La contaminación del Mediterráneo repercute directamente en la fauna marina del planeta: no hay que olvidar que reúne al 12% de las especies. Para muestra, un botón: un estudio realizado por Oceana Europa a tortugas capturadas en este mar reveló que en casi una de cada cuatro había restos de contaminación por hidrocarburos y basuras flotantes.
Tras compararlos con los peces del océano Atlántico, se observó que los del Mediterráneo llegan a estar 12 veces más contaminados. Estos hechos alarmantes tienen su explicación: por este mar navegan cerca del 30% de mercantes de todo el mundo y el 20% de los petroleros, lo que supone una media de 12.000 buques. Pero la mayor amenaza está en el exterior: un informe de la Unión Europea asegura que el 80% de la contaminación procede de tierra firme. Debido a que el Mediterráneo es un mar semicerrado, varios estudios estiman que para renovar por completo sus aguas se necesitarían, como poco, 80 años. Y solo en el caso hipotético e irreal de que, desde hoy, cesara cualquier actividad contaminante en sus aguas. Una situación desastrosa que solo irá a peor si no se toman medidas urgentes: según la Fundación Ellen MacArthur, esta cantidad de basura podría duplicarse de aquí a 10 años. También requiere una nueva mentalidad: «Cambiar el modo de relacionarnos con el mar y encontrar soluciones que nos aseguren la esperanza de vida de nuestro planeta» es una de las máximas del proyecto Upcycling the Oceans (Reciclando los océanos), impulsado por la Fundación Ecoalf con el apoyo de Ecoembes.
La experiencia de ambas es sinérgica: la Fundación Ecoalf crea prendas a partir del reciclaje de materiales como redes de pesca, neumáticos, botellas de plástico y hasta granos de café. «Ya lo están diciendo los científicos», advierte su fundador, Javier Goyeneche, «hay zonas donde el problema del plástico supera, por perjuicio, al del plancton, responsable de la producción de más de la mitad del oxígeno del planeta, está siendo afectado por el incremento en las concentraciones de gases de efecto invernadero. Ha llegado el momento de reaccionar. Hay formas distintas de hacer las cosas que pueden evitar esto y el momento es ahora».
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La iniciativa lo demuestra: Upcycling the Oceans cuenta con la colaboración de más de 200 barcos pesqueros de arrastre de la Comunidad Valenciana, que recogen los desechos marinos y los depositan en los contenedores dispuestos en el puerto. Posteriormente, se seleccionan los envases de plástico PET, que se recuperan para su reciclado. Una vez tratados, se convierten en granza para la elaboración del hilo con el que se fabrican prendas y complementos. El resto de residuos también son seleccionados y enviados a sus canales correspondientes de reciclaje para conseguir transformarlos en nueva materia prima útil. «El residuo que sale del mar está muy dañado. La calidad de nuestro hilo depende de la calidad del residuo, y los materiales a lo mejor llevan en el mar 10 o 14 años, y con la sal y el agua la calidad es mucho peor», explica Goyeneche, «con lo cual ha habido un proceso de investigación enorme para conseguir la calidad que nos permite hacer tejidos de este nivel. «Queremos que este proyecto sea la punta de lanza de un trabajo común que tenga el cuidado de la naturaleza como su principal objetivo», cuenta Óscar Martín, consejero delegado de Ecoembes, y reconoce que aún queda mucho por hacer. «Cuando los pescadores levantan las redes impacta ver la cantidad de residuos que recuperan. Cualquier paso en este sentido es poco. Tenemos que continuar poniendo en marcha proyectos de esta dimensión, porque lo que nos jugamos es mucho. Nos jugamos nuestro futuro y el de nuestro planeta». Gracias al esfuerzo diario de los pescadores desde que la Fundación Ecoalf iniciara este proyecto en 2015, durante el último año se han recuperado 59 toneladas de residuos, con los que se ha elaborado la primera colección con este tipo de tejidos, sin necesidad de recurrir a otros recursos naturales. La colección, según la firma, «aúna sostenibilidad y tendencia con un colorido que va desde los tonos más naturales hasta los atractivos azules derivados de una fuerte inspiración, el mar».
A raíz de la participación de Ecoembes en esta iniciativa, se ampliará el proyecto al resto de regiones del Mediterráneo. Además, se recuperarán durante el próximo año más de 190 toneladas de residuos. Asimismo, gracias a su experiencia en el sector del reciclaje, asegurará la trazabilidad de materiales como el film, el acero o el aluminio, transformándolos en nueva materia prima.
PLÁSTICOS… Y MÁS
Aunque las basuras de materiales sintéticos son hoy en día el problema más acuciante y contaminante, en el Mediterráneo, hay otros que vienen de largo, como el de las redes de pescar. Antes se arrojaban al fondo del mar después de su uso. Upcycling the Oceans pretende revertir el problema. «Las reciclamos cuando termina su vida útil», cuentan desde la Fundación Ecoalf. «Hemos puesto un contenedor en cada embarcación, incluyendo los 200 barcos de pesca de arrastre en Levante. De esos pequeños contenedores las llevan a otros más grandes de 11 puertos diferentes, donde las recogemos cada semana y las categorizamos y enviamos a su canal de reciclaje correspondiente. Convertimos las redes en escamas, luego en polímero, después en hilo y luego en tejido. Intervienen cinco fábricas españolas que se suman a un proyecto de I+D enorme», afirma Goyeneche. «Los pescadores cambian las redes cada cinco o seis años, y muchas de ellas miden un kilómetro y medio de largo. Eso es mucho nailon. Durante años, han acabado en el mar, porque a los pescadores les cobraban por dejarlas en el puerto. Ahora, afortunadamente, estas redes desechadas se están comprando para reciclaje».
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UN MAR DE EMPRENDEDORES
Ecoembes, por su parte, ha impulsado otras colaboraciones para rescatar residuos más allá del medio terrestre. En 2015, la entidad sin ánimo de lucro firmó un acuerdo con  la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para desarrollar iniciativas que contribuyan al cuidado del ecosistema marino. En este sentido, ambas instituciones han puesto en marcha una convocatoria para la elaboración de estudios sobre el impacto de las basuras en el medio marino, así como acciones de voluntariado y de limpieza en diferentes playas del litoral español. «Nuestro objetivo es contribuir a solucionar la problemática del abandono de residuos en nuestras costas, ya que supone una amenaza tanto para la salud humana como para la fauna y flora marinas», explican desde Ecoembes. La entidad ha firmado también otros acuerdos de colaboración con la Asociación Vertidos Cero, la Cátedra Rélec, la organización Paisaje Limpio o KAI Marine Services. Iniciativas necesarias, pero que destacan la necesidad urgente de revertir la situación. Como aseguran en la Fundación Ellen MacArthur, no nos queda mucho tiempo.

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