Escribo, te escribo, desde la soledad que deja tu silencio. Hace un año te fuiste mi querido Shangay a ese sitio eterno que se llama recuerdo. Pero sigue tu lucha, tu verdad, tu inconformismo, todo un recital de vida que nos dejaste como el más preciado de los legados. Tu manera de ver el mundo nos da fuerzas para seguir en la brecha. En las calles, donde siempre apoyaste a quienes luchan por un mundo mejor, más justo. En las redes sociales, en la prensa, donde diste una nueva dimensión al periodismo comprometido con la verdad. En tus libros, los últimos “Adiós, Chueca” y “Plasma Virago”, llenos de denuncia a la fragilidad de la mentira interesada. Eres un ejemplo de ser humano honesto, y por eso, ahora, te vuelvo a dar las gracias por no dejarte deslumbrar por las lentejuelas, gracias por tu humildad dentro de tu grandeza, por haber dejado que fuera tu amiga. Te doy las gracias por ser, amado Shangay, siempre.