jueves, 27 de abril de 2017

Una madre y tres niños evitan ser desalojados de 36 metros cuadrados

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La Federación Vecinal paraliza el lanzamiento judicial y pide ayuda a la Xunta

 
VIGO / LA VOZ 
Una joven sujeta con fuerza al perro de presa que aúlla al ver pasar a un galgo, que no escapa porque el dueño lo agarra. El viejo edificio de estudios ennegrecidos por la contaminación, junto a la arteria de Urzaiz, en el centro de la ciudad es un microcosmos, en el que cohabitan personajes que a veces parecen salidos de la rúe del Percebe. Una familia que reside en él ha logrado evitar que los echen, de momento de su minipiso.
Lourdes García Durán, graduada social y María Pérez, presidenta de la Federación Vecinal, envían un mensaje anunciando su llegada. Sara Jiménez sale a recibirlas a la puerta del habitáculo, un estudio con una minicocina y un aseo. Con lágrimas en los ojos, va vestida de negro de pies a cabeza. «El luto es por mi padre», explica esta joven ferrolana de 32 años, que se aferra a las costumbres más tradicionales.
La pequeña sala que hace las veces de dormitorio tiene dos camas a la vista, una de ellas doble. En estos lechos duermen Sara, dos niñas de 3 y 11 años, y otro de 12, sobre los que planea una orden de desahucio.
Las tablas del suelo blanco de parqué están muy desgastadas. En el lavabo, el sumidero no puede tragarse toda el agua. «No hay manera de desatascarlo», cuenta esta joven, que reside con su familia en el estudio desde hace tres años. Las cajas de juguetes de los niños constituyen el mobiliario más vistoso de la estancia
La vivienda fue alquilada por el que hoy es su exmarido. La orden de desahucio le ha llegado a él, titular del contrato, pero afecta plenamente a su exmujer que recibe una renta de integración social de 350 euros al mes y que da de comer a sus hijos mediante una pensión de 250 euros que le abona su expareja, con la que se casó a los 18 años.

Destierro
Sara Jiménez es de Ferrol. Sus problemas con una prima, hicieron que la familia la desterrase de Ferrolterra. Tuvo que refugiarse un tiempo en una casa de acogida hasta que optó por desaparecer y establecerse en Vigo. «No puedo volver a Ferrol», asegura.
Antes de quedarse embarazada de su primer hijo estuvo trabajando en una cafetería de Balaídos. «Se me da bien la cocina, se hacer un buen caldo o unas lentejas estupendas», señala a la puertas de la cocina. Detrás de la vieja nevera también hay inquilinos. «A veces aparecen cucarachas», apostilla la joven.
La Federación de Asociaciones de Vecinos Eduardo Chao acompañó al exmarido de Sara al juzgado para que solicite un abogado de oficio para que este reclame la paralización del desahucio. La familia debe más de tres mil euros al arrendatario de la minivivienda, que desea que se marchen, según dice Sara. La renta es de 280 euros al mes y con la escasez de ingresos los pagos se han ido efectuando de manera irregular y la deuda fue creciendo.
El Concello, conocedor de la situación ha aportado a la familia al menos 1.600 euros. Lo hizo a finales de octubre del año pasado mediante una ayuda de emergencia. Con ella pudieron hacer frente a la renta de varios meses, a la compra de alimentos y al pago de la factura de la luz. «Por lo menos he conseguido que no me corten la luz porque estoy al día», cuenta Sara Jiménez mientras abraza con fuerza a su hija más pequeña.

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