Radares móviles, helicópteros, controles de alcohol y drogas… Son sólo algunos de los métodos que Tráfico pone a disposición de los más de 2.500 agentes de la Guardia Civil que patrullan las carreteras para controlar el tráfico y velar por la Seguridad Vial. Un coplejo entramado con el que la Dirección General (DGT) espera recaudar este año unos 356 millones de euros; un importe similar al del 2016.
Una cifra que puede parecer compleja de conseguir, pero a la que ni la DGT ni el Gobierno están dispuestos a renunciar. Así que, además de todos los medios materiales a disposición de los agentes, también están los medios económicos destinados a motivarles. O lo que es lo mismo, un complemento de Seguridad Vial que les garantiza todos los meses una extra de 111 euros. Así, tal cual, 111 euros por cumplir con su desempeño de forma satisfactoria. Y el mejor método que tienen para conseguirlo es, ni más ni menos, que poner más multas.

Así funciona

El mecanismo es muy sencillo. Los agentes de la Agrupación de Tráfico disponen de ese complemento de 111 euros. Si no cumplen con unos objetivos mínimos, no los cobran a final de mes. Así que, como te puedes imaginar, los guardias van a multazo limpio para lograrlo. Y no es porque ellos quieran, es que las sanciones de tráfico –sobre todo las más graves- son las que más les puntúan.
Basta con ver esta instrucción recibida en algunos acuartelamientos, en donde se comprueba cómo poner una sanción grave permite obtener 3 puntos; y si, además, es de drogas o alcohol, obtener una puntuación extra. O cómo trabajar más horas con el radar permite obtener dos puntos; mientras que dirigir el tráfico (es decir, garantizar la movilidad) son 3. También está el caso, por ejemplo, de la ayuda en carretera a los conductores. Un clásico de la Guardia Civil por el que los agentes reciben tan sólo medio punto.


Parámetros que tiene en cuenta la Guardia Civil de Tráfico a la hora de valorar la actividad de sus agentes.

Una situación que se lleva dando desde el año 2010. En aquel entonces se puso en marcha el RAI (Registro de Actividad Individual) y el RAU (Registro de Actividad Unidad); que luego -tras varias sentencias judiciales- se recogieron en la Orden General de Productividades.  Desde entonces, y hasta ahora, ha habido  “una competición entre los agentes”, explican fuentes de la benemérita. Algo que genera una presión y una caída en el servicio al ciudadano, que terminará “destrozando la imagen del cuerpo, pues empieza a existir la percepción de que sólo estamos para poner multas”.
De hecho eso es lo que se denota, por ejemplo, cuando se ven los datos en perspectiva. Con la puesta en marcha del nuevo sistema (2010), el número de sanciones se ha disparado; mientras que la ayuda en carretera se han desplomado.
Basta fijarse, por ejemplo, en el año 2015 (último dato disponible) cuando el número de auxilios quedó en algo más de 20.000; mientras que las denuncias rondan ya las 120.000.



“Si una persona pincha en carretera, será atendida”, explican desde la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). Ahora bien, los agentes siguen prefiriendo centrarse en otras tareas más fructíferas para ellos. Todo, fruto de esa competencia interna por evitar perder el ‘plus’ que tienen adjudicado. De ahí que sus portavoces reclamen la vuelta al sistema anterior del año 2010. Es decir, un salario lineal en el que no exista una productividad que, además, “está mal medida”, explican.
Para la AUGC no se puede cuantificar la labor de un agente por el número de intervenciones o sanciones que impone. ¿El motivo? “Nuestro trabajo es una tarea sobrevenida; puede que haya días en los que te encuentres dos accidentes, y otro ninguno”, explican. “Todo depende de la evolución de la circulación”, sentencian.
Sin embargo, no parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo. Es más, las agrupaciones ya están presionando a los agentes para que cumplan con los objetivos establecidos para 2016. Basta con mirar la última remesa de cartas enviadas ‘a los peores de la clase’ y a la que ha tenido acceso Merca2.
En ellas se les insta a modificar “su actitud ante el servicio, mejorando su rendimiento, interés e iniciativa en el desempeño de su labor”. Una advertencia que viene justificada por una “desviación negativa destacada de su trabajo […] que reflejan un rendimiento, interés e iniciativa en su servicio inferiores a lo exigible y que afecta de modo negativo a la seguridad”. Es decir, que el agente en cuestión no está cumpliendo con los objetivos.

Carta de advertencia, en donde se ven claras dos cosas. Una, que el agente tiene que incrementar su productividad; es decir, lograr más puntos en su trabajo. ¿Y qué es lo más lucrativo? Sancionar. Pero por si esta presión fuera poca, hay otro punto más a tener en cuenta. Al objetivo individual, se suma el objetivo de la unidad a la que pertenece el agente. Es decir, que hay que lograr también estar por encima de la media del resto de tus compañeros. Más presión, más competencia. Más multas, en definitiva.
Si el agente no depone en su actitud, es decir, no se vuelve un loco del bloc de multas, el siguiente paso no será esta carta. Será la retirada inmediata del plus de 111 euros (143 euros en el año 2010) con la consiguiente reducción de su salario. Un sueldo –por cierto- complicado de cuantificar por la cantidad de factores que influyen, pero que se puede cifrar en unos 1.412 euros netos mensuales para un agente que lleve nueve años en el cuerpo, esté casado y tenga un hijo. Es decir, que se le quedaría en unos 1.300 euros.

El ranking

Por si fuera poco, y por rizar todavía más el rizo, el sistema de puntuación no es tan sencillo. Como se trata de una media, se tiene en cuenta la productividad, pero también se valoran –entre otras- su preparación, actividades realizadas, iniciativa, diligencia… Criterios personales y subjetivos de valoración que hacen los superiores jerárquicos.
De hecho, en las notas enviadas a las agrupaciones se puede leer que “los jefes de unidad podrán variar la valoración final de la actividad individual hasta un 25% por encima o por debajo utilizando para ello la ficha de indicadores del rendimiento personal”. Es decir, todos esos factores que responden a una valoración subjetiva, y no objetiva.



Y no lo decimos nosotros. Lo dicen distintas sentencias que se han emitido por parte de los jueces desde el año 2011. Los argumentos son bastante parecidos en todos los casos. Dicen los magistrados -en la sentencia a la que Merca2 ha tenido acceso- que “el interesado desconoce en realidad cuáles de las actividades realizadas han sido consideradas insuficientes por sus mandos para alcanzar la valoración mínima indispensable para tener derecho al cobro de la productividad […]ni entendemos de dónde se obtienen los porcentajes fijados, lo que lleva a que el agente no pueda conocer qué razones llevan a sus mandos a considerar su actividad insuficiente”.
¿Y por qué dice esto la Justicia? Pues porque es así, nos explican. Para evitar que un agente se pueda relajar, el ‘ranking’ de buenos y malos se mantiene en secreto. De este modo, ningún Guardia Civil puede saber cómo va y optar por bajar el pistón. Hay que estar alerta, no sea que –por casualidad- alguno de nuestros compañeros se pueda poner por delante.
El complemento salarial es de 111 euros, que pueden perder si no cumplen sus objetivos
Coacciones, presiones… Podemos llamarlo como queramos, pero parece que la Guardia Civil va a seguir presionando en las carreteras para multarnos. Es lógico, para que a ellos no les toquen el bolsillo nos lo tienen que tocar a nosotros. Es decir, se ven obligados a actuar como meros recaudadores del erario público en lugar de velar por la seguridad en las carreteras.
Ojo, está bien sancionar. Es correcto luchar contra los accidentes de tráfico y –desde luego- es evidente que hay que intentar buscar la tasa de mortalidad 0. Ahora bien, no olvidemos la educación vial; la renovación de uno de los parques móviles más antiguos de Europa; y sobre todo, convendría que reflexionemos sobre un dato importante: la tasa de mortalidad en carretera.
Desde el año 2010 hasta el 2015 la siniestralidad ha ido cayendo. Sin embargo, el año 2016 repuntó un 2,6% hasta los 1.160 fallecidos. Así que cabe preguntarse qué relación ha existido en estos años entre la caída del tráfico –como consecuencia de la crisis- y la reducción de fallecidos en carretera. Más que nada, porque a lo mejor hay que plantearse que la sanción –como ya se ha anunciado que se va a hacer con la reforma del carné por puntos- no es el único mecanismo que existe. Sobre todo, cuando el 28% de los siniestros se ha producido por distracciones al volante.