miércoles, 3 de mayo de 2017

¿Becarios a cualquier precio?

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El modelo gallego combina prácticas sin remuneración con otras que sí se pagan

 
SANTIAGO / LA VOZ 
Los chefs más prestigiosos del país defienden que los becarios no cobren. La polémica está servida, especialmente después de las declaraciones de Jordi Cruz, que ha justificado tener aprendices solo ofreciéndoles manutención y alojamiento para después afirmar que si todos sus cocineros estuviesen en plantilla el restaurante no sería viable. ¿Son los chefs de alta cocina los únicos que tienen becarios que no cobran nada durante las prácticas? No. Ni mucho menos.
De hecho, es muy habitual. Aunque las instituciones responsables hacen una diferencia entre las prácticas que son obligatorias -están contempladas en el plan de estudios- y las que son de carácter voluntario. En las primeras no se cobra porque forman parte de la titulación, ya sea un grado o un ciclo de FP. Lo explica Ramiro Esparís, director del CIFP Compostela que cada año envía a unos 450 estudiantes a realizar su módulo de prácticas obligatorias para poder titularse. También con grandes chefs, porque tienen ciclos de la rama de hostelería. La normativa establece que no se les puede dar compensación económica de ningún tipo, aunque la Xunta sí subvenciona los desplazamientos.
Claro que las prácticas no son a cualquier precio. Los alumnos no pueden trabajar más de 40 horas a la semana y el tutor académico y el del centro de trabajo están en contacto para saber la evolución del alumno y si se está cumpliendo con el plan de formación. La normativa dice taxativamente que no se pueden cubrir puestos estructurales con personal de prácticas. Sin embargo, el modelo que se quiere potenciar ahora es el de la FP Dual, que combina enseñanza en el aula con prácticas. En este caso sí hay una remuneración y el alumno está dado de alta en la Seguridad Social.
En las universidades la cosa es un poco distinta. Hay prácticas que se cobran y otras que no. En el caso Santiago, hace una diferencia entre las prácticas obligatorias y las que no lo son. Las primeras no tienen remuneración económica. Las segundas, depende. Por ejemplo, en la Facultade de Ciencias da Comunicación se pagan todas las prácticas de grado. En cambio, en otras no. «Non é ilegal facer prácticas sen cobrar, pero teñen que ser reguladas por convenio», explica el vicerrector de Comunicación, Xosé Pereira. Y se compensan con créditos.
La USC se encarga además de controlar que no se incumplan los horarios, ya sea por exceso o por defecto, y que al estudiante se le esté asignando la tarea adecuada para su formación. ¿Hay quejas? «Son anecdóticas», remarca Pereira.
En Vigo, el sistema es un poco diferente. La obligatoriedad de remunerar las prácticas depende del número de horas. El límite lo marcan las 240. Si las prácticas superan esa cifra, hay que pagar. Y deben pagar, como poco, el salario mínimo interprofesional. Pero siempre hay libertad para que las empresas paguen al becario, aunque no alcance las 240 horas o abone una cantidad superior al salario mínimo.
A Coruña, por su parte, establece en su reglamento que los convenios que se firmen con las empresas podrán prever una aportación económica. Las prácticas curriculares -las integradas en el plan de estudios- se pagan o no, depende del caso.

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