miércoles, 17 de mayo de 2017

Galicia. Cómo dilapidar el dinero público en obras faraónicas e infraestructuras atrapavotos

http://www.publico.es/economia/dilapidar-dinero-publico-obras-faraonicas.html
Carreteras con un 20% del tráfico previsto, atracciones turísticas que pierden medio millón de euros al año, modernas estaciones de autobuses que sirven para guardar columpios viejos... Galicia está plagada de proyectos fallidos ideados en época de bonanza y que ahora atraviesan serios problemas de sobrecostes y mantenimiento
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Cidade da Cultura de Santiago.Xosema
Dilapidar el dinero público en obras faraónicas, infraestructuras localistas y proyectos atrapavotos fue una costumbre habitual de la clase política gallega en época de vacas gordas. Daba igual que los presupuestos se dispararan y los sobrecostes superaran los miles de millones. Pero tras la crisis, muchas de aquellas ideas se han quedado en moles de cemento cubiertas de grafitis y maleza o en servicios públicos que hay que cerrar o mantener a precio de oro.
Estos son unos cuantos ejemplos de cómo el tiempo ha puesto en su sitio a quienes idearon algunos de ellos.

Cidade da Cultura de Santiago.

Hace cuatro años, el Gobierno de Feijóo tuvo que ordenar la paralización de las obras de la Cidade da Cultura, el colosal proyecto ideado en época de Manuel Fraga y encargado al arquitecto Peter Einsenman para construir en las afueras de Santiago de Compostela un inmenso complejo de 142.000 metros cuadrados con seis edificios destinados a diversos servicios culturales (una Biblioteca, una Hemeroteca, un Teatro de la Ópera, un Museo de la Historia de Galicia, un centro de Nuevas Tecnologías y un edificio de servicios generales y administrativos).
El presupuesto de la obra, que simulaba una vieira extendida sobre la ladera del Monte Gaíás, era de 108 millones, que se habían convertido en más de 300 millones cuando a Feijóo no le quedó otro remedio que frenarlo. Si no lo hubiera hecho, se habría tragado otros 200 millones másLa construcción comenzó en el año 2001, pero en el 2005, convertido ya en un pozo sin fondo para la inversión pública, con varios edificios a medio terminar y algunos aún sin empezar el Gobierno bipartito PSOE-BNG presentó un plan para redefinir su desarrollo y sus usos futuros, dada la alarmante falta de contenidos reales de la que adolecía el proyecto inicial.
La Cidade da Cultura se come cada año unos cinco millones de euros en gastos de funcionamiento, personal y mantenimiento. Pero el mausoleo cultural ideado que Fraga pensaba dejar como su gran legado es una acrópolis vacía. En su programación del pasado viernes figuraban cuatro exposiciones.

Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.

Es el más moderno de Galicia y, para muchos, el mejor. No parece raro, si se tiene en cuenta que fue construido con un sobrecoste de más de mil millones de euros, según la plataforma SOS Sanidade Pública, resultado del convenio de colaboración público-privada al que tuvo que recurrir la Xunta de Feijóo para garantizar su ejecución en plena epidemia de recortes.
Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.Xunta de Galicia
La mudanza desde del antiguo Hospital Xeral fue un desastre; pacientes y trabajadores se rebelaron contra los costes de aparcamiento y contra el mal funcionamiento de varios de los servicios privatizados... Al poco de su inauguración, el malestar de la opinión pública se llevó por delante a la entonces conselleira de Sanidade, Rocío Mosquera.

Ascensor del Monte de San Pedro de A Coruña.

Se proyectó cuando todavía era alcalde Francisco Vázquez, pero lo inauguró su sucesor, Javier Losada.
Se trata de una imponente esfera-ascensor de cristal que salva los 64 metros de altura que separan la orilla del Atlántico del Monte de San Pedro, en A Coruña. Las vistas sobre la ciudad y su bahía son imponentes, pero al poco tiempo de su inauguración, tras invertir 3 millones en su construcción, el Ayuntamiento empezó a darse cuenta de que tenía un problema. Su uso era mucho menor del previsto.
Empezó con 100.000 visitas el primer año, pero hoy no llegan a las 25.000.
Ascensor del Monte de San Pedro de A Coruña.Juan Oliver
Normal, dado que no hay transporte público hasta él y el precio, seis euros subida y bajada, es inasequible para muchas familias. Con ingresos de apenas 80.000 euros, costes de personal y mantenimiento de casi medio millón y una cláusula que garantiza a la empresa concesionaria que el Ayuntamiento se hace cargo del déficit, al Gobierno municipal de En Marea no le quedó otra que restringir los horarios a la temporada alta (sábados, domingos y festivos del 1 de mayo al 14 de junio, y de martes a domingo desde el 15 de junio a finales de agosto).

Vía Ártabra, de Lorbé (Oleiros) a la Nacional VI.

En la localidad costera de Lorbé viven, según el último padrón del INE, menos de 800 personas. Y hasta allí se construyeron ocho kilómetros de moderna carretera, la Vía Ártabra, que costaron 71 millones de euros, es decir casi tres veces el presupuesto de Oleiros, el municipio por el que discurre. La infraestructura, con cuatro rotondas de salida hacia otras localidades, serpentea entre bosques y arboledas con preciosas vistas sobre la bahía de A Coruña, hacia un lado, y sobre la ría de de Betanzos, hacia el otro.
Sólo tiene un problema: por ella circula menos del 20% del tráfico previsto cuando se proyectó.

Parque de bomberos de Santiago.

Es una mole de cemento que pretendía albergar el nuevo parque de bomberos de la capital gallega. Se ideó y empezó a ejecutar con el socialista Xosé Sánchez Bugallo en la Alcaldía con un presupuesto de 1,8 millones de euros.
Pero los costes se dispararon y, con la recesión asomando la patita, el Ayuntamiento se quedó sin dinero para seguir con las obras. Las empresas constructoras lo demandaron y la justicia acaba de darles la razón. El Gobierno municipal, en manos de Compostela Aberta –la marca de En Marea en la ciudad) tuvo que aprobar una modificación presupuestaria para hacer frente a las deudas provocadas por una mole de ladrillo y hormigón que sólo disfrutan los grafiteros.
Parque de bomberos de Santiago de Compostela. Google Maps

Paseo Marítimo de A Coruña.

Paseo Marítimo de A Coruña.Manuel Marrás
Se presume uno de los más largos del mundo -13 kilómetros en total- y se fue construyendo por tramos desde el año 1992 con alcaldes del PSOE y el PP. Su coste es difícil de calcular, pero pueden faltar dedos en las dos manos para contarlos por millones.
Una de sus características más destacadas son las cientos de farolas modernistas de color rojo, adornadas cada una con un esmalte único de la artista Julia Ares. Su mantenimiento es carísimo, tanto que hoy muchas zonas del paseo se encuentran mal iluminadas, con las farolas rotas y sin bombillas, oxidadas y muy deterioradas.

Hotel de Sada (A Coruña).

Otra mole de cemento construida en la localidad coruñesa de Sada bajo el mandato del entonces alcalde popular Ramón Rodríguez Ares, que ideó para su pueblo un enorme y feísimo establecimiento hotelero de hormigón de 3.000 metros cuadrados de superficie, 76 habitaciones, nueve salones para reuniones y actos varios, dos ascensores panorámicos, restaurante y cafetería.
Hace unos años la empresa que lo gestionaba se declaró en concurso de acreedores y, desde entonces, el hotel permanece cerrado. El año pasado fue adquirido por Abanca –la entidad financiera heredera de las cajas gallegas- por unos 370.000 euros, a los que habría que restar una deuda de 122.000 por el impuesto de bienes inmuebles. El banco aún no ha dicho qué hará con el hotel.
Hotel de Sada. Google Maps

Estación de autobuses de Celanova (Ourense).

Costó medio millón de euros, parte de ellos provenientes de fondos europeos, pero lleva lustros cerrada y ni siquiera se inauguró cuando fue finalizada en el 2003. Es sólo un ejemplo, pues en otras localidades de Pontevedra y Ourense existen infraestructuras similares también sin uso. Al menos, en Celanova le han encontrado una utilidad: el Ayuntamiento la ha convertido en almacén de columpios y juegos en desuso provenientes de parques infantiles. Centro de Interpretación de Recursos Naturales de Eirasvedras (Ourense).
La ministra de Agricultura Elena Espinosa puso la primera piedra en octubre del año 2010 de una infraestructura de más de 3.000 metros cuadrados que pretendía dar a conocer la riqueza medioambiental de Galicia albergando exposiciones, seminarios y actividades diversas. Su coste fueron 8,5 millones de euros, de los que siete los aportaba el Estado con financiación europea para pagar la obra, y 1,5, la Xunta, para dotarlo de contenido. Siete años después es un edificio en ruinas comido por la maleza.

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