jueves, 25 de mayo de 2017

La exclusión social

Publicado en: 25 Mayo, 2017

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Por Carlos Solero
Los mismos que generan políticas públicas que producen desempleo masivo son quienes persiguen a las personas que en la vía pública procuran obtener cada día los medios de subsistencia.
En efecto, los funcionarios estatales que desde diversos niveles dan rienda suelta a los capitalistas para que aumenten la explotación a la par se ensañan con las y los vendedores ambulantes.
Además, es evidente que quienes vivimos de vender nuestra fuerza de trabajo a cambio de un salario vemos aumentadas las horas que tenemos que dedicar a eso para sostenernos cotidianamente. Todas y todos sabemos, pues lo padecemos en nuestros cuerpos que las ocho horas diarias de labor no alcanzan para alimentarnos, curarnos, pagar servicios y tributos, sabemos también que la inflación potenciada por los capitales concentrados nos va esquilmando para que aumenten su tasa de ganancia los oligopolios. La disparada en el precio de los alimentos es un insoslayable e inocultable más allá de los dibujos de índices y la manipulación de las estadísticas.
El propio presidente de la nación admitió en Japón que en la región Argentina hay un 30% de población pobre.
La timba del sistema financiero es una muestra más de la lógica y dinámica del sistema del capital-mercancía, el capitalismo.
La alianza entre capitalistas industriales, financieros, agropecuarios, burócratas sindicales, etc. funciona muy aceitadamente para la expoliación de la mayoría de la población.
Expoliación, sobre-explotación y disciplinamiento, esa parece ser la tríada en plena vigencia.
Los “incluidos” en el sistema padecemos la violencia explícita de la división del trabajo. Los excluidos, padecen además de esta violencia, la institucional.
Se priva de asistencia sanitaria las y los jubilados, restringiéndoles prestaciones de medicamentos, servicios odontológicos, oftalmológicos y otros tantos.
Se ataca a la salud pública y a la educación publica y esos recursos se derivan a las “empresas sanitarias”, los laboratorios y las “empresas educativas”.
Se estigmatiza a las y los jóvenes que no trabajan ni estudian, y cada vez más se lo priva de las posibilidades de hacerlo.
Todo esto ocurre aquí y ahora, en tanto se bombardea a través de los medios masivos de comunicación con cuestiones banales como las perspectivas del seleccionado de fútbol y otras temáticas frívolas o superfluas destinadas a entretener a la plebe.
Frente a este sombrío panorama corresponde romper con la indiferencia, el egoísmo, la indolencia y la pasividad, construir espacios alternativos de resistencia y acción solidaria.

Carlos A. Solero
22 de mayo de 2017

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