martes, 30 de mayo de 2017

La vacunación baja en Francia, Alemania e Italia hasta rozar los mínimos exigibles

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Los expertos alertan de que la población no es consciente del peligro y llaman a mantener la guardia


 
REDACCIÓN / LA VOZ 
¿Qué ocurriría si, por un azar inesperado, resurgiese el virus de la viruela, la primera y única enfermedad extinta? «Pues que todo el mundo correría como loco en pos de una vacuna», responde Mariano Esteban, responsable del Laboratorio de Virus y Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC). Lo haría porque la población sería consciente del peligro y recurriría a su valor más seguro para combatirlo: las vacunas. Pero como esta amenaza hoy en día no se aprecia, los ciudadanos, especialmente en los países más desarrollados, han bajado la guardia, y lo han hecho hasta el punto de que países como FranciaItalia o incluso Alemania se acercan peligrosamente al porcentaje mínimo de inmunización exigible, la que garantiza la seguridad del grupo, situada entre un 80 % y 90 % de la población, en función de cada enfermedad. ¿El resultado? La reaparición en Europa de enfermedades olvidadas, como la polio, o controladas, como el sarampión, la difteria o la rubeola, altamente infecciosas.
«En el propio éxito de la vacunación masiva, que ha permitido que las nuevas generaciones apenas conozcan infecciones olvidadas, radica su debilidad. ¿Por qué me voy a vacunar de algo que no se ve?, piensa alguna gente. Y este es el verdadero peligro, bajar la guardia, porque aunque nosotros nos hayamos olvidado de las enfermedades infecciosas, ellas no se olvidan de nosotros», reflexiona Amós García, presidente de la Sociedad Española de Vacunología. Y Antoni Trilla, jefe del servicio de epidemiología del Clínic de Barcelona y uno de los mayores expertos en la materia, coincide. «Parece -dice- que estamos ofreciendo vacunas para tratar enfermedades históricas, que podían afectar a nuestros abuelos. Pero si reaparecen, seguro que iríamos corriendo a vacunarnos».
«Salvan millones de vidas»
Asegura que hay que evitar a toda costa la relajación y prefiere insistir en la obviedad, por si el mensaje se pierde: «La vacunación -dice- salva millones de vidas y es, junto a la potabilización del agua y el alcantarillado, el mayor logro de la historia en salud pública». Mariano Esteban lo corrobora: «Más de dos millones de personas sobreviven cada año gracias a las vacunas», dice.
Juan José Gestal, jefe de medicina preventiva y salud publica del CHUS, de Santiago, y decano de Medicina de la USC, alerta frente a la visión que se está asentando en las sociedades occidentales de que las vacunas han perdido su utilidad. «Hoy -señala- muchas enfermedades han disminuido mucho o prácticamente han desaparecido (poliomielitis, difteria, tétanos, sarampión...) gracias a la aplicación de las vacunas sistemáticas en la infancia, por lo que la población no aprecia el peligro. ¿Para qué le vamos a inyectar nada a nuestro niño?, dicen. Pero si dejamos de vacunar se volverían a producir esas enfermedades, lo que ya hemos comprobado». Y advierte, frente a las opiniones sin base científica de los escépticos, que son «los medicamentos más seguros que existen, pues se van a utilizar en personas sanas para prevenir la aparición de patologías y, por tanto, no se tolera que tengan efectos secundarios».
En España aún no existen movimientos antivacunas arraigados y la confianza de la población en estos medicamentos es de las mayores del mundo (véase el gráfico), además de contar con una de las coberturas de protección más altas, por encima del 95 %. Ante esta situación, los expertos no creen necesario plantear su obligatoriedad, tal y como se hará en Italia y se estudia en Portugal. Pero todos coinciden en que no hay que bajar la guardia. «Si reducimos los porcentajes al 85-90 % habría que plantearse otras medidas, pero ahora no. Hay que seguir apostando por la educación y concienciación», dice Amós García.

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