lunes, 8 de mayo de 2017

Radiografía de un partido roto. PSOE


La actitud sobrada de la presidenta de la Junta de Andalucía ha convertido en una derrota lo que es una victoria, aunque por la mínima

Foto: De izquierda a derecha: Patxi López, Susana Díaz y Pedro Sánchez. (Fotos: EFE)
De izquierda a derecha: Patxi López, Susana Díaz y Pedro Sánchez. (Fotos: EFE)
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Puede que todos los avales a los tres candidatos para liderar el PSOE se traduzcan en votos o puede que no, porque los militantes no recuerdan una presión sobre ellos como la que se ha ejercido en este proceso previo a la votación del 21 de mayo. Pero, en todo caso, la distribución de avales ha establecido la radiografía de un partido roto por la mitad.
La primera vuelta de las primarias, que como nunca ha sido mucho más que una mera criba para impedir la proliferación de espontáneos en busca de un minuto de gloria, deja un claro ganador psicológico: Pedro Sánchez. Y ha hecho cundir el nerviosismo entre los partidarios de la que, hasta ahora, se daba por favorita. Prueba de ello es que la primera reacción fue querer negar la realidad y, después, la intempestiva convocatoria que Susana Díaz hizo el jueves para mantener, por primera vez en la campaña, un 'briefing' con los periodistas que hacen el seguimiento de las primarias socialistas, ¡a las 8.45 horas! del viernes. Hubo rebelión de los periodistas, obligados a trasnochar para seguir el recuento de avales, y el 'briefing' se canceló.
La presidenta andaluza no supo gestionar bien las expectativas y, dando por sentado que iba a apabullar con los avales, ha convertido en una derrota lo que ha sido una victoria, aunque por la mínima. Es la ley de las expectativas frustradas, que solo ha sorprendido a quienes viven alejados de las agrupaciones locales. “Los avales a Susana había que pedirlos por favor y los de Pedro venían solos”, señala un militante que ha participado activamente en este proceso. Pero este hecho tiene otra posible lectura: puesto que los seguidores del ex secretario general han estado movilizados al máximo, es posible que los avales a Sánchez marquen el techo de sus votos y que “el peligro cierto” de que pueda alzarse con la victoria movilice a favor de Díaz a muchos que son renuentes ante su candidatura, pero no equidistantes.
El precandidato a la Secretaría General del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto. (EFE)
El precandidato a la Secretaría General del PSOE, Pedro Sánchez, en un acto. (EFE)
Los eufóricos seguidores de Sánchez atribuyen la gran cantidad de avales recogidos por su candidato a que está siendo “un revulsivo” para unas bases aletargadas, que en número significativo habían dejado de militar activamente. “En estas semanas se ha visto en los actos a mucha gente que hacia años que no aparecía”, dicen, atribuyendo el mérito al “tirón personal” del ex secretario general. Como observa el filósofo Byung-Chul Han (‘En el enjambre’), el botón de ‘me gusta’ ha sustituido al “discurso” y Sánchez, aunque no la practicó cuando era secretario general, aparece como el adalid de la democracia interna pese a que, más allá de sus fracasos electorales, dio muestras de carecer de los dos atributos principales de un líder: la capacidad de cohesionar y la lucidez para marcar un rumbo claro. Si él gana, vendrán para el PSOE tiempos de inestabilidad.
La recogida de avales ha sido un triunfo psicológico para Pedro Sánchez, que ha hecho cundir el nerviosismo en las filas de Susana Díaz
A las bases les gustaría ver a su partido netamente posicionado en la izquierda y, como ya hemos subrayado en otras ocasiones, para ese giro Sánchez tiene la credibilidad que le proporcionó la renuncia a su escaño de diputado para no tener que participar en la votación de investidura de Mariano Rajoy. Es una credibilidad construida, una posverdad, porque son muchos los que todavía recuerdan cómo, cuando se postuló por primera vez, “había que decirle que se modulara porque estaba muy escorado hacia las posiciones social-liberales”. Pero vivimos tiempos en los que importa más lo que ‘se parece’ que lo que ‘se es’.
De ahí que la tercera pata sobre la que se sustenta la resurrección de Sánchez sea la defensa de un “proyecto claramente socialdemócrata, sin adherencias liberales”. Es lo que los militantes quieren oír y ese ha sido su gran acierto: decir lo que el auditorio quiere escuchar. Poco importa que los fundamentos de su formación económica los adquiriera bajo la tutela del exministro Miguel Sebastián. Los rastros de la verdad hay que excavarlos mientras que la posverdad se consolida a fuerza de repeticiones.
Los sanchistas creen demostrado que el exsecretario es el "revulsivo" que necesita el PSOE, pero los avales pueden ser su tope de votos
Susana Díaz, por el contrario, ha constatado que fuera de Andalucía ‘no gusta’, lo que hace temer una desbandada si gana y que, con ella de candidata, el PSOE caiga a la tercera posición electoral. Gane quien gane, si el resultado es tan apretado como el ensayo de los avales, es posible que las primarias del día 21 no sirvan para despejar el panorama. Históricamente, en el PSOE se habla mucho de integración, pero se practica poco. Por lo pronto, la recogida de avales ha dejado en entredicho a dos de los principales sostenes de la dirigente andaluza: el valenciano Ximo Puig y el asturiano Javier Fernández. En ambos territorios se impuso Sánchez.
Post scríptum. El proceso interno que vive el PSOE no puede entenderse al margen de las corrientes políticas mundiales y la dominante en el primer cuarto del siglo XXI está siendo el populismo, que Sánchez ha inoculado entre los socialistas españoles. No obstante, el populismo ha sido frenado en Holanda y, según los pronósticos, lo será también en Francia. El tiempo dirá si el viento ha empezado a virar o son excepciones. Hay quien ya pronostica que, así como tras mayo del 68 se abrió un largo periodo de hegemonía de la derecha, después del 15-M “habrá quince años de gobierno del PP” en España

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