Donald Trump siente afecto por los líderes totalitarios del mundo, eso es algo que vemos día a día con sus declaraciones. Primero fue el presidente ruso Vladimir Putin. Sin embargo, en estos tres meses hemos sido testigos de cómo elogió a Abdel Fatah al-Sissi afirmando que «ha hecho un gran trabajo» tras abatir a sus opositores a tiros. También hemos visto a Trump llamar a Recep Tayyip Erdogan para felicitarle por la victoria en el referéndum, a pesar de las dudas de limpieza en dicha consulta y a pesar de las medidas de restricción de libertades aplicadas por el mandatario turco tras el intento de golpe de Estado. Lo mismo ocurrió con el presidente filipino Rodrigo Duterte que está acusado de ejecutar a drogadictos y que llamó «hijo de puta» a Barack Obama. Trump ha conversado recientemente con él y le ha invitado a la Casa Blanca.
Trump está elogiando constantemente a mandatarios que están violando los derechos humanos de manera sistemática y su modo de entender la política es un verdadero caldo de cultivo para estos líderes, ya que el apoyo del presidente estadounidense es un acicate para continuar con dichas transgresiones a los derechos de las personas, derechos reconocidos por Naciones Unidas.
La historia de los presidentes norteamericanos no ha estado libre de apoyos directos o indirectos a dictadores. No obstante, desde la década de los 70 todos y cada uno de los antecesores de Trump han aprovechado su mandato para hacer una defensa de los derechos humanos y de su cumplimiento. Pero Trump está haciendo caso omiso a las violaciones de los mismos, sobre todo en los países que pueden tener intereses en aliarse con Estados Unidos en la cruzada contra Corea del Norte o en la lucha contra el terrorismo internacional porque en los 100 días de mandato no ha hecho ni un solo movimiento de apoyo a las organizaciones de defensa de los valores democráticos o de los derechos humanos. La única excepción la tenemos en el ataque con misiles contra Bashard al Assad, si es que un ataque militar puede ser considerado como un movimiento en defensa de los derechos humanos.
Trump ha apoyado a dirigentes como Erdogan, Duterte, Marine Le Pen, al Sissi o Vladimir Putin, dirigentes que se caracterizan por despreciar el respeto a los derechos humanos
Representantes del Partido Demócrata y una parte del Partido Republicano están bastante preocupados por la actividad de Trump al poner bajo el ala del «líder del mundo libre» a dictadores y líderes que atentan constantemente contra los derechos humanos o por el apoyo a los dirigentes de los partidos ultraderechistas europeos. Sus partidarios y miembros de su Administración afirman que todo se trata de una estrategia, que el silencio de Trump en referencia al respeto a los derechos humanos es un modo de revitalizar alianzas que aíslen a Corea del Norte, Irán o para construir coaliciones para luchar contra el Estado Islámico.
En sus 100 días de mandato no ha hecho ni un solo movimiento de apoyo a las asociaciones de defensa de los derechos humanos
Sin embargo, el silencio de Trump o el hacer la vista gorda con el comportamiento de Duterte al jactarse de asesinar a sus ciudadanos no puede traer nada bueno, ni para sus propios estadounidenses ni para los ciudadanos del mundo que aún tiene cierto respeto hacia el cumplimiento de los derechos humanos.