lunes, 12 de junio de 2017

Cuarenta años perdidos: la «educación» de la mujer durante el franquismo

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Por Rocio González Naranjo
Está demostrado que la Segunda República fue un periodo excepcional para los avances de la mujer española: la ley de divorcio, acceso al mundo político, derecho al voto, aborto… Desgraciadamente, tras la victoria de los rebeldes en 1939 se impone un retroceso en el que la mujer debe comportarse como el ángel del hogar, la reina de la casa cuya principal función es la maternidad. En esta reinvención del mito del ángel del hogar, la Sección Femenina de Falange fue fundamental para establecer esta nueva educación femenina. Con los cursos de Educación Cívica y utilizando los órganos como Teresa o Medina, la Sección Femenina muestra el ideal de la mujer española para el franquismo: una mujer patriota, religiosa y sumisa a su marido en el espacio privado del hogar.
Un grupo de niñas desfila durante un acto de la Sección Femenina. ARCHIVO GENERAL DE LA ADMINISTRACIÓN (AGA)
Como decíamos, esta visión de la mujer no es una invención del franquismo, sino que es originaria de las teorías pseudo biológicas del siglo XIX sobre la inferioridad de la mujer. Estas teorías buscaban demostrar científicamente cómo la mujer tenía capacidades y cualidades naturales que le impedían el acceso a la vida pública, a la educación, al trabajo, etcétera, pero que le facilitaban un acceso a las funciones reproductoras y propias de la esfera privada. Según estas teorías, la mujer representaba la naturaleza, mientras que el hombre simbolizaba la cultura. Las ideas de la Iglesia Católica añadieron que la mujer debía ser condicionada para eliminar sus instintos sexuales y educarla para su objetivo principal: la maternidad. Por ello, la mujer no podía tener placer sexual, sino una vida de sacrificio. El médico e Inspector General de Trabajo, Antonio de la Granda, en Barro Humano, escribía lo siguiente:
 La vida sexual de la mujer es una cadena de sacrificios: menstruación, embarazo, parto, lactancia, menopausia. La mujer se une al sexo por el dolor (…) En ocasiones ni siquiera se halla compensada esa cadena de dolores con el placer material de la carne (…) Comparado con el sexo egoísta del hombre, el sexo femenino es absolutamente altruista, porque si el hombre busca el placer, la mujer en realidad sólo encuentra el sacrificio.[1]
La Sección Femenina va a reconstruir este mito del ángel del hogar a partir de las ideas del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera y puestas en práctica por su hermana, Pilar Primo de Rivera. Además de tener como objetivo principal la reproducción, la mujer debía ser católica, patriota y encargarse del Auxilio Social en un país que acababa de salir de la guerra.  Por ello, la educación de la mujer no fue concebida del mismo modo que la del hombre. De este modo, los principales fundamentos de la educación impuesta a las mujeres por la Sección Femenina fueron las siguientes:
El deporte: La mujer debía ser fuerte para dar hijos de la nueva raza española. Entre todas las disciplinas, hemos recuperado una en la que no hacía falta salir de casa para practicarla. Según la revista Teresa, podemos hacer gimnasia sin salir de casa:
Una mujer que tenga que atender a las faenas domésticas con toda regularidad tiene ocasión de hacer tanta gimnasia como no hará nunca, verdaderamente, si trabajase fuera de su casa. Solamente la limpieza y abrillantado de los pavimentos constituye un ejemplo eficacísimo, y si se piensa en los movimientos que son necesarios para quitar el polvo de los sitios altos, limpiar los cristales, sacudir los trajes, se darán cuenta de que se realizan tantos movimientos de cultura física que, aun cuando no tienen como finalidad la estética del cuerpo, son igualmente eficacísimos precisamente para este fin[2].
– Formación Doméstica (Pedagogía Familiar, Economía doméstica, Cocina, Textil, Manualidades y Puericultura). Era la disciplina a la que se consagraba más tiempo pues para ser un ángel del hogar había que conocer todos estos saberes. Para ello, Pilar Primo de Rivera concibió un horario que la mujer de la casa debía cumplir. No hemos podido mostrar un documento más claro, pero sólo podemos decir que era un verdadero milagro si la mujer conseguía realizar este horario. Desde las De 6h00 de la mañana hasta las 22h00, la mujer ideal franquista debía limpiar la casa, llevar los niños a la escuela, hacer las comprar, cocinar, coser, etc. Por suerte, el domingo, la mujer tenía derecho a descansar… una hora, entre la 13h00 y las 14h00. Habría que preguntarse si Pilar Primo de Rivera respetaba estos horarios…
Formación política (Historia de la Falange, Doctrina Política y Económica de la Falange, Moral y Estilo de la Falange).
En esta parte es donde encontramos las contradicciones más importantes entre la teoría y la práctica de este discurso patriarcal, pues el mito del ángel de hogar no autorizaba a que la mujer tuviera ideales políticos sin poderlos siquiera reivindicarlos. Sin embargo, la «nueva» mujer española debía ser también una mujer con ideales falangistas para educar, en un futuro, a los jóvenes de la «nueva» España. Así, los conceptos de Patria y de Imperio se enseñaban en los cursos de Formación Política. Por un lado, el concepto de Patria, como una única, y según el lema, libre; por otra parte, la concepción del Imperio español de los siglos precedentes. Estos dos conceptos se resumían en un personaje histórico: la reina Isabel la católica y su época de gloria.
Unida a esta formación se encontraba la Formación Religiosa (Dogma, Moral, Liturgia). Si pensamos en que la base de la patria franquista fue la religión católica, esta formación era esencial para la construcción de la nueva mujer, pues la religión invadía todas las esferas: en la vida social, política, familiar, etc. Desde un punto religioso, la mujer tenía que deberse a Dios y a la Iglesia. El matrimonio, el sacramento más importante, era el único objetivo en su vida. Todo lo que se encontrara fuera de él era condenado por la Iglesia. El placer sexual se convirtió así en el pecado más grave de la mujer, ya fuera soltera o casada. De este modo, en las revistas, manuales, el cine, la prohibición del placer en la mujer se instauró fuertemente. Un ejemplo es el fragmento siguiente, escrito por un canónigo de Burgos, en 1943, Pedro Riaño Campo, en Formación Católica de la joven (p. 262):
Las galas más espléndidas, los adornos más brillantes que ha de buscar toda mujer para realzarse ante los hombres y para ejercer en ellos su influencia, son aquellos que le aconseja el Evangelio, a saber, la vestidura de la gracia, el cintillo de la castidad, las cintas de la mortificación, el calzado de la prudencia, la sortija de la fidelidad, los brazaletes de la obediencia, el aderezo del pudor, el collar de la sumisión, la diadema del recato, los zarcillos del decoro y los perfumes del buen ejemplo.
Junto a esta pseudo formación, la mujer era obligada, desde un decreto ley de 1944, a cumplir el Servicio Social, que existía desde la guerra. Para que una mujer pudiera trabajar después, debía haber realizado este servicio, excepto si la mujer estaba casada y bajo la tutela de su marido. Con este servicio, se quería consolidar la educación doméstica de la escuela. Todas las mujeres de 17 a 35 años debían cumplir seis meses de servicio social. Así pasaba el día de una mujer realizando este servicio:
Podías elegir, labores, trabajos manuales y corte. La jornada se desarrollaba de la siguiente manera:
  • Levantarse a las 7:30
  • Misa de 8 a 8:30 (era obligatorio ir todos los días)
  • Después desayunar y gimnasia, todos los días una hora, seguido de ducha con agua fría y arreglo de cama y bien uniformada.
  • La Jefe, más la Jefe de Estudios, pasaba a revisar si la cama estaba bien hecha y tu aseo era el correcto (…).[3]
Según este testimonio, la jornada continuaba con teoría y practica del curso elegido, de 11 a 13 horas. De las 13 a las 14 tenían Nacional sindicalismo. Durante la comida, se leía el Evangelio. Después de comer tenían tiempo libre hasta las 16 horas y retomaban con Corte y confección. De las 19 a las 20 horas cursaban canto y piano.
Para concluir, nos preguntamos si ésta era la realidad de la mujer española. Las contradicciones sobre el estatus de la mujer son evidentes cuando comprobamos que, hasta 1956, la prostitución femenina fue tolerada por el gobierno de Franco. Es cierto que hoy también está tolerada, pero según Manuel Ortiz Heras en «Mujer y Dictadura Franquista», el estatus de los prostíbulos es realmente revelador de esta situación:
Había más de mil cien prostíbulos censados en la España del año cuarenta conocidos como “casas de tolerancia” que pagaban sus impuestos y eran inspeccionados. El régimen puso en marcha instituciones de reclusión de las prostituidas como las llamadas Prisiones Especiales para Mujeres Caídas (…) En realidad a ellas sólo iban a parar las “mujeres caídas” que ofrecían sus servicios en la prostitución clandestina y eran tratadas como “descarriadas.[4]
Entre esas mujeres “descarriadas”, había muchas de las mujeres que participaron activamente en la Segunda República. Por ello, creo que tras esta educación existía intereses económicos mayores: por un lado, la muerte de numerosos españoles durante la guerra impulsó al gobierno a reenviar a las mujeres a la casa, para aumentar la natalidad; por otro lado, las mujeres no tenían que buscar trabajo en un país en el que prácticamente era inexistente. El Servicio Social, además, aportaba buenos resultados a la economía española, pues eran obreras que trabajaban gratuitamente.
Esta regresión sufrida por la sociedad en general y por la mujer sobre todo durante esos largos años de dictadura parecen haber marcado la moral y la educación de la España actual. Hoy en día, todavía se pone en tela de juicio los avances en la igualdad. La última declaración de Cristina Cifuentes acerca de “hacerse la rubia” ante los hombres muestra que aún nos queda mucho camino por hacer, y contradictoriamente, volver a la época dorada de los derechos de la mujer que fue la Segunda República.
[1] Luis Otero, Mi mamá me mima, Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1999, p. 40.
[2] Teresa. Revista de la Sección Femenina, 1958.
[3] La mujer bajo el franquismo, proyecto dirigido por Rosa Monlleó Peris, realizado por Adela Soto Marco, p. 37.
[4] Publicado en Aposta. Revista de ciencias sociales. N. 28, 2006. http://www.apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/ortizheras.pdf

Enlaces de Interés

  1. Sección Femenina. La mujer dentro del franquismo
  2. La República y las mujeres

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