domingo, 25 de junio de 2017

La difícil transición del diesel a la electricidad y el gas natural sin apoyos económicos: La doble moral de la UE



LOS COCHES ELECTRICOS O DE GAS NO SE VENDEN

La difícil transición del diésel

Los ayuntamientos quieren prohibir su uso, pero la Unión Europea se

 empeña en reducir las emisiones de CO2 sin apoyar ni

 el coche eléctrico ni el de gas natural o el de GLP



Foto: Muchos coches diésel viejos entran cada día en las ciudades.
Muchos coches diésel viejos entran cada día en las ciudades.
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La sociedad española y europea se enfrentan al reto de buscar alternativas al coche de gasóleo que durante años ha sido el motor de la movilidad y del transporte y que ahora atraviesa unos malos momentos por la contaminación. La alternativa es el coche eléctrico, que no se vende de momento por su coste elevado y por la falta de infraestructuras o el de gasolina, que consume más y que por el momento tampoco quieren los usuarios.
Estamos ante una difícil situación en Europa, la de conseguir pasar del gasóleo y buscar nuevas formas de mover los coches para desplazarse en el futuro. Desde principios de los años 80 la apuesta clara de Europa ha sido por las motorizaciones diésel, mientras que en otras regiones del mundo se apostó más por la gasolina.
La diferencia entre ambos carburantes era, hace unos años, que el gasoil permitía un consumo menor de combustible y también unas emisiones de CO2 menores. Por el contrario, las emisiones más contaminantes, sobre todo de óxidos nitrosos y de partículas no quemadas, eran mucho más elevadas que en los vehículos de gasolina. Es decir, que el diésel era más contaminante y nocivo.
A lo largo de todos estos años se ha mantenido ese mismo criterio en Europa, el de reducir las emisiones de CO2 a costa de sufrir más óxidos nitrosos y más partículas, culpables en parte de esas “boinas” que tienen las grandes ciudades europeas.


Peugeot 208.
Peugeot 208.
Los fabricantes europeos de automóviles han hecho fuertes inversiones durante todos estos años en el desarrollo de los vehículos equipados con motores diésel, porque era lo que pedía el mercado al tener unos consumos más bajos. Y también lo que apoyaban los gobiernos con unos precios más bajos para este carburante. Pero ahora se vive un momento muy delicado de cara al futuro.
Por un lado la Unión Europea exige una nueva reducción de emisiones de CO2. En concreto, en 2020 las emisiones medias de la gama de un fabricante deberán estar por debajo de los 95 g/km, cuando en la actualidad es de 130 g/km. Por el contrario, los ayuntamientos se han plantado y lo que quieren es prohibir la circulación de vehículos diésel en el entorno del 2020.
La nueva normativa sobre emisiones de la UE es imposible de cumplir solo con vehículos de gasolina. Solo los coches más pequeños con los eficientes propulsores de tres cilindros y la última tecnología pueden conseguir estar en ese entorno. Pero las berlinas más grandes, o los todocamino o los monovolumen no lo pueden conseguir de ninguna manera con la tecnología actual de los motores de gasolina. Y por ello, la única alternativa viable de futuro son los vehículos eléctricos.
Las nuevas gamas de los fabricantes deben centrarse ahora en dos tipos de vehículos, los eléctricos, o híbridos enchufables o incluso los de gas natural por un lado, para bajar las cifras de emisiones medias de su gama, y por otro lado las gamas de gasóleo para poder seguir vendiendo coches. Los fabricantes saben que dentro de su oferta, es muy bueno tener esos modelos más ecológicos, para permitirles bajar sus emisiones, pero lo que realmente venden todavía son los diésel o los gasolina, pero con estos últimos no cumplen la normativa.
Una marca de coches tiene como principal objetivo ganar dinero, como cualquier otra empresa, o banco, o compañía de seguros. Pero llega un momento que es absurdo tener que lanzar una tecnología completamente nueva, la del coche eléctrico, con sus fuertes inversiones, y que luego los países, salvo contadas excepciones como Noruega, Holanda o en menor medida Francia, tampoco hagan ni caso a estas nuevas tecnologías y a sus necesidades concretas.
A este grave problema, de tener que ofrecer vehículos eléctricos para luego vender los de gasóleo, se suma otro factor muy importante en los últimos meses, la demonización injustificada del vehículo diésel. Un coche de gasóleo de hace 15 años es una auténtica bomba de relojería en el centro de una ciudad por todo lo que hecha por el tubo de escape. Pero un coche moderno de gasoil de última generación es incluso menos contaminante que otro equivalente de gasolina.


Smart electric drive.
Smart electric drive.
Pero pese a este aspecto tan importante e incuestionable, los ayuntamientos ya tienen preparado el titular para su política medioambiental para el futuro de las ciudades, prohibir los vehículos diésel. Y ese es el grave problema al que se enfrenta el coche de gasóleo, que los fabricantes tienen que seguir vendiendo muchos para cumplir con las normativas vigentes y las que van a llegar, pero a los ciudadanos poco a poco les van convenciendo de que son lo peor y que no los compren. Y en la lucha entre la Unión Europea por defender el gasóleo y los ayuntamientos por prohibir este combustible, los únicos que salen perdiendo son los fabricantes de automóviles y los ciudadanos.
Todo tiene solución, solo hay que poner claras unas directrices y a partir de ahí trabajar para conseguirlo. Un vehículo diésel contamina sobre todo por óxidos nitrosos y por partículas no quemadas. Un Peugeot 208, por poner solo un ejemplo de coche barato y limpio, incorpora un sistema para eliminar casi el 100% de las partículas no quemadas, el filtro de partículas.
Y para eliminar los óxidos nitrosos dispone de lo que habitualmente se llama una trampa de NOX. Gracias a una disolución de urea (el denominado AdBlue), los peligrosos óxidos nitroso y nítrico se transforman en N2, una molécula de nitrógeno que es inocua y que está presente en la atmosfera en grandes cantidades, y agua. Con ello, las emisiones de óxidos nitrosos se reducen a cantidades casi inapreciables en un análisis.
Los ayuntamientos no pueden prohibir el uso de todos los vehículos diésel, porque no es lo mismo uno de hace quince años, que es peligrosísimo, que uno con un año de vida, que es muy poco contaminante. Los fabricantes no pueden seguir invirtiendo en la tecnología del coche eléctrico, sabiendo que no se vende ni uno. En el mes de abril, en España se han matriculado 390 vehículos eléctricos, lo que supone un descenso de un 18% respecto a las cifras de abril de 2016. Y eso pese a que se han lanzado dos modelos nuevos importantes, como el Smart electric drive y el Hyundai Ioniq.


Hyundai Ioniq eléctrico.
Hyundai Ioniq eléctrico.
Ese es, básicamente, el problema que hay en torno al futuro del automóvil, que debería ser eléctrico, pero que muy pocos quieren apostar por ello. Por supuesto un ciudadano normal no puede comprar un coche movido por electricidad que es al menos un 30% más caro que uno equivalente de gasolina o diésel. Pero aunque pudiera y tomara esa decisión no tendrá un sitio donde enchufarlo. Y hay otro problema importante, si vive en una casa independiente y con enchufes en la que lo puede conectar sin problemas, en el momento que haya muchos coches eléctricos, la red eléctrica se colapsará.
Mientras no haya una apuesta de verdad por el coche eléctrico, este no va a funcionar. Pero hay otras alternativas que quizá faciliten la reducción de las emisiones. Un buen ejemplo puede ser el empleo de gas natural comprimido, pero ocurre lo mismo, no hay estaciones donde poder recargar ese carburante. Y eso pese a que reduce en un 50% el coste de utilización y en un 30% las emisiones de CO2 frente a un coche de gasolina equivalente.
La transición del diésel va a ser muy difícil, porque los fabricantes siguen vendiendo muchos vehículos de gasóleo pese a tener una oferta que crece cada día de vehículos eléctricos y pese a tener coches de gasolina bastante eficientes. El mercado manda y las diferentes administraciones deberían facilitar el cambio de tecnologías en busca, no de lo que más dinero les deje en las arcas públicas sino lo mejor para el futuro de los ciudadanos.

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