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El autoconsumo está reconocido en el ‘paquete de invierno’ de la UE como uno de los elementos más importantes, junto con el almacenamiento, para una transición hacia energías más limpias, y además como una oportunidad para involucrar a toda la sociedad en este camino.
Además, Europa reconoce el autoconsumo y la autogeneración como un derecho de todos los ciudadanos, pero ¿cómo están gestionando su desarrollo nuestros países vecinos? ¿hay diferencias? La jornada de la Fundación Alternativas “El papel del autoconsumo en la transición energética en España y lecciones aprendidas de otros países”, pone negro sobre blanco de esta realidad en Portugal, Francia y Alemania.
La evolución del autoconsumo difiere mucho entre países porque las legislaciones en Europa son muy diferentes. “No hay mucha diferencia entre el mercado eléctrico y energético entre Portugal y España”, explica Sergio López de Castro, director comercial de la División Solar de Fronius España, “el pool, las comercializadoras, las eléctricas… el complejo entramado del sector es igual pero nuestros vecinos han encuadrado el autoconsumo de una manera totalmente opuesta a nosotros”.
En enero de 2015, Portugal aprobó una Orden Ministerial que desarrollaba el DL 153/2014 sobre autoconsumo. Una normativa que facilita el desarrollo de las instalaciones pequeñas, “hasta 1,5 kW, no es necesario ningún tipo de trámites, no hace falta ninguna notificación, y en el caso de 200 kW o menos, con una comunicación previa vía Internet es suficiente, luego pasa un inspector de energía y ya está”, relata López de Castro, “solo a partir de 1MW es necesaria una licencia de producción específica”.
Además en Portugal existe el balance neto. La energía vertida a la red se retribuye al 90% del precio de mercado mensual y el Gobierno se ha puesto como tope que hasta que el autoconsumo no represente el 1% de la capacidad total instalada (más de 20 MW) no se aplicará ninguna tasa de respaldo, aunque en ningún caso se aplicarán cambios retroactivos para las instalaciones que se formalicen hasta llegar a ese límite. “Y por último, no hay tope máximo de autoconsumo”, concluye, “Portugal ha visto una oportunidad de empleo descentralizado y actualmente, gracias a su desarrollo, ya hay más de 1.000 pymes que se dedican a hacer fotovoltaica, algo que en España no pasa”.
El caso francés es algo distinto y su normativa es muy reciente. Aunque la Ley para la transición energética de Francia promulgada en 2015 establecía objetivos para aumentar la energía renovable en el mix energético, y en uno de sus artículos ya establecía una posible nueva deducción para que los hogares franceses pudieran reducir sus facturas eléctricas, ha tardado en desarrollarla.
El país galo está dispuesto a dar un impulso al autoconsumo y, también promover el balance neto o la venta de energía generada por los hogares, que es comprada por EDF. “Francia cree que hay un gran potencial en el desarrollo del autoconsumo, así que en mayo de 2017 se ha aprobado una normativa que lo regula, pero ya contamos con más de 15.000 hogares que se autoproducen su propia electricidad”, señala Álvaro Espino Prados, agregado de Energía de la Embajada de Francia, “con la nueva ley se ha creado una nueva tarifa de compra, con contratos de 20 años para aquellos que autoproduzcan (con una garantía de compra) y la tarifa de compra del excedente es de 10 c€/kWh para instalaciones de hasta 9 kW y las de hasta 100 kW es de 6 c€/kWh”.
También se ha establecido un incentivo a la inversión de placas fotovoltaicas durante cinco años, “que en el caso de instalaciones menores a 3 kW es de 1.200 euros, 240 euros cada año, y para mayores, de 2.000 euros, 400 euros cada año”, indica.
Se trata, además, de un marco que propone facilidad en los trámites, por ejemplo, las instalaciones pequeñas están exentas de tener un contrato de venta para el excedente. Establece un procedimiento simplificado para estas pequeñas instalaciones y obliga a los operadores de red a facilitar el autoconsumo. Por otro lado, se exonera a las instalaciones de autoconsumo del pago de algunos impuestos.
¿Y en Alemania? “En los años 90 se empezó a favorecer el autoconsumo, porque es un país que da mucha importancia al concepto de descentralización”, describe Jordi Ortega, fundador de Forum Ecologic, “eso favorece que muchos políticos se sumen a la corriente que existe en el país a favor de las renovables, y de hecho a principios de 2000 se aprobó una Ley para fomentarlo”.
En el país germano no hay un limite de capacidad para los huertos solares, “incluso hay alguno de 30 MW”, señala “y ya hay hasta 700 municipios que han recuperado la red local, que autogestionan porque en Alemania no hay una REE como en España, que controla todo el sistema eléctrico, sino que el país se divide en cuatro, además las distribuidoras y comercializadoras no son obligatoriamente empresas porque los municipios también funcionan como operadores eléctricos y gestionan su energía como quieren”. El experto apunta “de hecho es posible que una región consuma hasta un 70% de renovables y los vecinos solo lo hagan en un 20%”.
El apoyo a las energías renovables se producía hasta 2012 mediante un esquema de ajuste con primas relativamente bajas, entre 8,65 c€/kWh y 12,50 c€/kWh, dependiendo del tamaño de la unidad, señala el Memorando OPEX 218/2017 de Laura Martin Murillo, pero en aquel año se alcanzó la paridad de red de la energía fotovoltaica y la energía vertida se empezó a retribuir a un precio menor al que cuesta comprarla en la red.
En el informe se señala también que las instalaciones de autoconsumo con potencia inferior a 10 kW están exentas de impuestos y las que tienen una potencia superior pagan el 40%. Además, los procedimientos de conexión a la red están muy simplicados porque no se tiene que formalizar ningún contrato entre el autoconsumidor y el operador de la red, que está obligado a realizarla como conexión prioritaria y que no puede imputarles cargos relacionados con la conexión de red al autoconsumidor.
Ahora toca comparar con la normativa de autoconsumo en España, ¿se ven muchas diferencias?