viernes, 16 de junio de 2017

Trabajar en la Puerta del Sol, a 40 grados y de Darth Vader: "Esto es insoportable"

OLA DE CALOR EN MADRID


Empleos a pie de calle en mitad de una ola de calor incombatible. Pasan nueve o 10 horas sobre un asfalto que quema. Solo ganan los quiosqueros: se dispara la venta de agua

Foto: Algunos de los trabajadores de la Puerta del Sol. (P. Esteban)
Algunos de los trabajadores de la Puerta del Sol. (P. Esteban)
http://www.elconfidencial.com/espana/2017-06-16/justicia-investiga-corrupcion-ayuntamiento-girona-puigdemont-alcalde_1400102/
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Termómetros que marcan 40 grados. Plazas vacías y turistas agolpados en trocitos de sombra que hacen árboles y edificios. Quioscos que duplican sus ventas de botellines de agua y terrazas en las que no se sienta una sola persona hasta las ocho de la tarde. Madrid recibió este jueves la primera ola de calor del año para sorpresa de muchos, después de pasar ya varios días entre una masa de aire caliente. Mientras los colegios improvisan medidas de urgencia que eviten una oleada de lipotimias, trabajadores a pie de calle se lamentan de no poder hacer nada para combatir temperaturas insoportables. Basta con un paseo desde Ópera a la Puerta del Sol para encontrar a muchas personas que pasan ocho, nueve y hasta 10 horas pisando asfalto que quema. "Nadie puede resistir este calor. Es insoportable".
Leonardo empieza su jornada a las 10 de la mañana, se cuelga el chaleco amarillo de 'Compro oro' y no acaba hasta 10 horas más tarde. El verdadero respiro llega cuando encuentra un cliente y lo acompaña al local más cercano que tiene su jefe en las calles colindantes para hacer la transacción. Estos días nota menos gente. "La temperatura está muy fuerte y las personas que pasan por aquí van buscando la sombrita obligatoriamente. Este calor es insoportable". Asegura que nadie lo resiste. "Si duras una hora en la plaza, al sol, lo quemas". Su única salvación es la botella de agua que compra a cada rato. "Nos mantenemos aquí bebiendo".
De hecho, los únicos que ganan con estas temperaturas son los quiosquerosGemma regenta el que está junto al oso y el madroño en la Puerta del Sol, probablemente el de mayor afluencia turística de la capital. Asegura que en periodos de calor como este, la venta semanal alcanza las 1.440 botellas de agua. "Normalmente, nos acopiamos de agua y de refrescos cuando anuncian que vienen días de calor", asegura desde el interior del quiosco, que sí dispone de aire acondicionado. Mucha venta, a pesar del menor número de gente. Sobre todo a ciertas horas. "De dos de la tarde a cinco y media, te quedas de brazos cruzados. No pasa nadie por Sol".
Los quioscos disparan sus ventas de botellines de agua. (EC)
Los quioscos disparan sus ventas de botellines de agua. (EC)
De esa franja horaria también saben mucho los hosteleros de la zona. Kevin procede de Perú y trabaja en una franquicia de comidas en la calle del Carmen. Su tarea consiste en anunciar el local con un cartón que porta en las espaldas, y reconoce que esta semana de altas temperaturas la afluencia de gente llega a la hora de la cena. "Nadie se quiere sentar en las terrazas a las tres de la tarde. Ni siquiera para tomarse una caña".
En medio de la plaza que se convirtió en la casa del movimiento del 15-M y en apenas 100 metros, hay tres casos más. Fidel también es peruano y llegó a Madrid hace 20 días. Antes vivía en Ciudad Real. Se gana la vida disfrazado de Darth Vader con la recaudación que obtiene sacándose fotografías con niños y apasionados de 'Star Wars'. Llega a las 11 de la mañana y se marcha sobre las seis. Solo se quita la máscara a la hora del almuerzo y prefiere hablar en el vídeo con ella puesta porque si no le cuesta demasiado ponérsela de nuevo. "Se nota que baja la población en días de calor. Hay muy poca gente y eso se nota en la recaudación", explica. Está en la Puerta del Sol desde hace un par de semanas y pretende estar el resto de meses del año, porque de eso depende la manutención de sus hijos. "Espero que haya más gente el próximo mes, aunque haga mucho calor, es verano y la gente vendrá de vacaciones".
Si de verdad aguanta los meses de julio y agosto en el epicentro de Madrid, coincidirá con Toni, que nació en Irlanda y que desde hace mucho tiempo (no quiere especificarlo) imita a Charles Chaplin junto a la calle Ópera. "Aquí no hay nadie en esos meses del año. Me pongo a un lado porque en el medio de la plaza es imposible". Dice que el maquillaje le dura todo el día y le protege del sol. Igual que el sombrero. Es el único que no se queja del sol al preguntarle cómo aguanta las jornadas a 40 grados con un traje negro siete horas seguidas. "No tengo problemas con eso". Como todos, nota mucha menor cantidad de gente y eso repercute directamente en la boina que tiene en el suelo para recolectar monedas. "Cada semana es distinto, pero solo me alcanza para vivir. Nada más".
A poca distancia se encuentra un chaval de 27 años bajo una sombrilla naranja que reza 'Free Tour'. Alfredo estudia Historia del Arte en la Complutense desde que dejó Venezuela y trabaja por las mañanas ofreciendo rutas guiadas por el Madrid de los Austrias. "Lo hago por sacarme un dinerillo. Por las tardes, tengo clase y aprovecho el turno libre". Trabaja de lunes a sábado sin excepción con grupos en inglés y en español. Cuando los meses van bien, puede ganar hasta 600 euros. En el momento en que habla con este diario le cancelan una reserva precisamente por el calor. "La gente huye de estas temperaturas. Los turistas, los primeros. Yo lo afronto por necesidad, pero es muy difícil".
Alfredo es estudiante de Historia del Arte y trabaja como guía turístico. (EC)
Alfredo es estudiante de Historia del Arte y trabaja como guía turístico. (EC)
En la calle Carlos III, al lado de la plaza de Oriente, se ven unas obras. Pedro se refresca con una manguera. Es pocero y en ese momento trabaja en los desagües de una de las viviendas. En la calle intenta aguantar entre gotas de sudor pero, dentro del pozo, a 17 metros de profundidad, asegura que está peor. "La tierra está muy caliente". Se cambia de ropa varias veces durante la jornada, que empieza a las ocho y termina a las seis. Él, como todos los demás, trabaja cada día en plena calle y es de los que, habiendo probado las distintas estaciones, prefiere los meses de frío.

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